La independencia de Kosovo

“Ha llegado el día”. Con esa simbólica frase, el presidente de Kosovo, Hashim Thaçi ha proclamado la independencia de esta ex-provincia serbia. Miles de personas se han lanzado a las calles de todo el país para celebrar este hecho histórico.

Por su parte Serbia se ha opuesto a esta declaración unilateral de independencia y se ha apresurado a . El primer ministro serbio, V. Kostunica ha dicho que Kosovo es y será siempre una parte de Serbia. Rusia, aliado de Serbia, también ha rechazado la independencia kosovar; no así EE.UU. y numerosos países de la UE que rápidamente han apoyado la secesión.

España se muestra cauteloso y ya ha afirmado que no reconocerá a este nuevo Estado, principalmente por miedo a que sirva de precedente para los nacionalistas periféricos.

by Nowel

Disturbios en Belgrado ante las embajadas de EE UU y Eslovenia

 

Más de 60 personas resultan heridas durante las protestas en contra de la independencia de Kosovo

 

EFE – Belgrado – 17/02/2008

 

Más de 60 de personas, entre ellos al menos 30 policías y 30 manifestantes, han resultado heridas este domingo durante una protesta contra la independencia de Kosovo frente a la embajada de Estados Unidos en Belgrado. Los manifestantes, varios centenares de jóvenes que gritaban lemas ultranacionalistas, lanzaron piedras y antorchas contra el edificio de la embajada, situada en una de las avenidas céntricas de la capital, y destruyeron varios vehículos aparcados en la zona.

 

Un cordón de la policía antidisturbios desplegado frente al edificio también fue objeto de insultos de los manifestantes y en un momento se produjo una pelea en la que resultó herido a palos un agente.

 

Los manifestantes siguieron destruyendo semáforos, señales de tráfico, vehículos y contenedores de basura en la zona, mientras los policías, tras recibir refuerzos, intentaban empujar a la muchedumbre más allá del edificio de la legación diplomática.

 

Los manifestantes también agredieron un equipo de la emisora de televisión pública serbia RTS, rompieron la cámara y apalearon a uno de los reporteros. Luego, se produjo una agresión contra los equipos de los equipos de televisión de otras dos emisoras belgradenses, la B92 y Studio B. Según fuentes médicas del centro de urgencias en Belgrado, más de una veintena de personas fueron atendidas hasta el momento, la mayoría de ellos policías, todos con heridas leves.

 

La policía acabó por dispersar a los manifestantes, que se separaron en grupos pequeños. Uno de los cuales se dirigió hacia el edificio de la embajada de Eslovenia, país que preside la Unión Europea (UE) en este semestre, donde los activistas rompieron los cristales y las banderas eslovena y europea. La policía tuvo que intervenir para dispersar a los congregados.

 

Otros grupos de manifestantes se dirigieron hacia otra zona céntrica, donde destruyeron cristales en un restaurante de una cadena estadounidense. La policía intervino con gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes, que todavía aparecían en grupos en diferentes zonas de la ciudad.

 

Los manifestantes habían anunciado una protesta pacífica frente a la embajada estadounidense, situada a pocos centenares de metros de la sede del Gobierno serbio. Primero aparecieron cantando canciones nacionalistas y pasaron por la calle sin detenerse por mucho tiempo frente a ese edificio, pero poco después regresaron y bloquearon el paso de los vehículos por la avenida.

 

Los activistas portaban banderas serbias y pancartas con lemas como “Kosovo es Serbia”, “No damos a Kosovo”, pero también “Mata, degüella, para que no haya shiptar (nombre despectivo para albaneses)” y “Kostunica (el primer ministro serbio), se suicida y salva a Serbia”. También gritaron lemas en apoyo al presunto criminal de guerra prófugo Ratko Mladic, antiguo líder militar serbobosnio.

 

La policía había reforzado su presencia en torno a la embajada estadounidense, pues a primera hora de la noche de este domingo había aún, a unos centenares de metros, grupos de manifestantes.

 

El Gobierno vasco ve la secesión como ejemplo a seguir

 

Carod Rovira exige el reconocimiento de Kosovo por parte de España

 

JAVIER RIVAS – Bilbao – 18/02/2008

 

Con indisimulada satisfacción recibe el Gobierno vasco y el principal partido que lo sustenta, el PNV, la declaración de independencia kosovar, a poco más de ocho meses de la fecha anunciada por el lehendakari Ibarretxe para convocar su propia consulta de autodeterminación o sobre el “derecho a decidir” de los vascos, en la terminología nacionalista.

 

Sin esperar a la proclamación oficial por el Parlamento de Pristina, la portavoz del Ejecutivo autónomo, la peneuvista Miren Azkarate, convocó con urgencia a los periodistas en San Sebastián, sin derecho a preguntas, para leer por la mañana una declaración institucional que pone a Kosovo como ejemplo doble. Ejemplo y “lección”, primero, de que los conflictos de “identidad y pertenencia” se pueden resolver en las sociedades modernas de forma “pacífica y democrática”. Y ejemplo también de la “vigencia del derecho democrático a la libre determinación plasmado en la legislación internacional”.

 

El nacionalismo vasco y el Gobierno autónomo han buscado en la última década, a medida que Ibarretxe iba desarrollando un discurso más soberanista, espejos y modelos en el extranjero para avalar sus intenciones. La descomposición de la URSS y de Yugoslavia les han dado materia de sobra. El propio Ibarretxe citaba la semana pasada en una conferencia en la Universidad de Stanford los casos de Eslovenia, la República Checa o Lituania, entre otros. Y también Kosovo.

 

De ese mismo discurso recuperó ayer la portavoz Azkarate una frase para recalcar que el derecho de autodeterminación es “la llave” que puede abrir “definitivamente la solución del conflicto político vasco, con el apoyo de la comunidad internacional”.Es precisamente el aliento que la declaración kosovar dará a las proclamas soberanistas o directamente independentistas en Euskadi y Cataluña lo que en gran medida explica, junto a sus apelaciones a la estabilidad balcánica, la decisión firme del Gobierno español de no respaldar la proclamación de independencia, postura remachada el pasado viernes por la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega.

 

El Ejecutivo de Zapatero no se ha cansado de repetir en los últimos meses que lo sucedido en Kosovo no es para nada comparable con la situación interna española.

 

El Gobierno catalán, donde los socialistas gobiernan con Esquerra Republicana e Iniciativa-Esquerra Unida, ha evitado valorar formalmente la independencia de Kosovo. Sólo el consejero de la Vicepresidencia, el republicano Josep Lluís Carod Rovira hizo ayer un tenue pronunciamiento. Y fue para remarcar que “Kosovo y Cataluña son realidades absolutamente distintas”. Salvaguardaba de esta forma la unidad del gobierno catalán en torno a este asunto. Carod añadió, sin embargo, que el Gobierno español debe reconocer a Kosovo. “España debe estar al mismo nivel que Europa, no puede ser el último país en reconocer la independencia de Kosovo”, dijo. Está previsto que el Parlamento catalán debata pronto una iniciativa en este sentido.

 

El PNV va a intentar llevar al Congreso este debate tras las elecciones del 9 de marzo. El presidente peneuvista, Iñigo Urkullu, anunció el pasado jueves que su partido presentará en cuanto arranque la próxima legislatura una proposición no de ley en las Cortes Generales reclamando que España reconozca sin más demoras al nuevo Estado europeo.

 

ANDRÉS ORTEGA El nuevo país europeo

 

Declaración de dependencia

 

Sea como sea, en Europa ha nacido un nuevo Estado dependiente. No es para felicitarnos

 

ANDRÉS ORTEGA 18/02/2008

 

Algunos países necesitan, para caminar hacia su independencia, de muletas que les proporcionan sus protectores, como ha ocurrido, por ejemplo, con Timor Leste, y aún así, renquean. Es el caso de Kosovo. Más que de una declaración de independencia, hay que partir en Kosovo de una constatación de dependencia. Éste no parece un país preparado ni viable. Pese a la independencia declarada de forma unilateral, necesitará de ayuda internacional en todos los sentidos -económico, militar, policial y administrativo- para subsistir y transformarse en Estado digno de esta definición.

 

Pristina no ha elegido la fecha más constructiva, cuando tomaba posesión el nuevo presidente, se supone que moderado y europeísta, de Serbia, Boris Tadic. Pero ya es tarde para lamentarse. De hecho, Kosovo era ya prácticamente independiente de Serbia desde la guerra de 1999. Y desde ayer la independencia de Kosovo, aunque sea “supervisada internacionalmente”, según el Plan Ahtisaari, que sobre el papel resulta aceptable, pero sobre el terreno probablemente inaplicable, ha dado un paso definitivo. Esta independencia es un fracaso europeo; el penúltimo, pues aún quedan algunas cuestiones sin resolver en esta larga y cruenta desmembración de Yugoslavia, cuyos trozos, paradójicamente, quieren, en un futuro de interdependencia, rejuntarse en una Unión Europea que se va llenando de Estados pequeños étnicamente homogéneos.

 

Militarmente, los 16.000 soldados de la OTAN (iban para un año; se han quedado ocho), incluidos los españoles, no están nada deseosos de verse implicados en labores de gendarmería. La UE va a mandar una Misión de Seguridad y Defensa, formada por policías, pero también jueces, abogados y otros funcionarios para poner en pie un Estado. Hay que sumar los fondos que llegarán del exterior para impulsar la economía, un sostén que se puede alargar mucho en el tiempo si Serbia decide interrumpir sus suministros de electricidad y alimentos -aunque el Gobierno serbio ha afirmado que no lo hará-, o cortar la navegación por el Danubio o por carretera. Serbia, sin embargo, no tiene la capacidad para instaurar un bloqueo. Pero está por ver si los albanokosovares pueden luchar para preservar la unidad de Kosovo si los 120.000 serbiokosovares en Mitrovica y al norte deciden separarse y seguir unidos a Serbia. Sin duda, la OTAN no querrá meterse en otro lío.

 

La base legal de este despliegue militar de la OTAN seguirá siendo la resolución 1.244 del Consejo de Seguridad de la ONU. No es probable que pueda lograrse una nueva, dada la oposición de Rusia. El reconocimiento de Kosovo por otros Estados será paulatino y dividirá a la UE, aunque no cabe esperar que España se alinee con los más opuestos a esta independencia, como Chipre, Grecia o Rumania. Pero tampoco seguirá a Washington, Londres, Berlín o París en su prisa controlada por reconocer a Kosovo (la Administración de Bush quería despejar esta cuestión antes de su última cumbre de la OTAN en abril). España intentará capear el temporal y es previsible que sus soldados permanezcan en Kosovo un tiempo, pero que se vayan retirando, aunque no con la precipitación con la que lo hicieron de Irak.

 

Es una independencia por etapas. El Plan Ahtisaari contempla no sólo que se elabore una constitución, sino que Kosovo pueda ingresar en las organizaciones internacionales. No lo tendrá nada fácil. Rusia, con su derecho de veto, tiene la llave para el ingreso de Kosovo en la ONU. Y tampoco es fácil que entre rápidamente en el Consejo de Europa o en la OSCE. Previsiblemente, durante tiempo va a mantener un dudoso status internacional.

 

Sin duda, Kosovo plantea un precedente. Para empezar, esta independencia sin acuerdo de las partes (cosa que ha ocurrido en otros casos en Yugoslavia) va en contra del espíritu y la letra del Acta de Helsinki que considera “inviolables” (pero no inmutables) las fronteras existentes. Tampoco cabe excluir que Kosovo acabe uniéndose con la vecina Albania, y de ahí salga un Estado más viable. Pero no cabe ignorar que Kosovo, donde imperan las mafias, puede degenerar en un agujero negro en el corazón de Europa, con el ingrediente añadido de movimientos islamistas radicales.

 

En cuanto a precedentes, lo más peligroso es que los serbios de la Republika Sprska rompan Bosnia-Herzegovina, otro Estado independiente que en realidad es otro protectorado internacional, que subsiste en equilibrio inestable. Y luego están los fundados temores rusos o georgianos, ante Chechenia, Abjazia, Osetia del Sur u otros territorios, aunque no esté claro a qué se refería el viceprimer ministro ruso, Serguéi Ivanov, cuando habló en la Conferencia de Múnich de un “efecto dominó”.

 

Sea como sea, en Europa ha nacido un nuevo Estado dependiente. No es para felicitarnos.

 

Las grandes potencias occidentales reconocen a Kosovo y Serbia retira a su embajador en Washington

 

Washington, Londres, París y Berlín aceptan la independencia y Madrid la rechaza.- Serbia advierte que retirará sus embajadores de los países que reconozcan la independencia y retira al que tiene en Washington La UE estima que el de Pristina es un “caso único” que no sienta precedente para otros separatismos

 

 

AGENCIAS – Bruselas / Berlín – 18/02/2008

 

 

Las grandes potencias occidentales reconocerán a Kosovo. EE UU y los cuatro grandes de la UE (Reino Unido, Francia, Alemania e Italia) han dado su visto bueno a un nuevo Estado kosovar independiente apenas un día después de la declaración de independencia del Parlamento de Pristina. La reacción serbia ha consistido en reunir a su parlamento para “anular” la declaración de independencia. Belgrado también ha retirado a su embajador en Washington y ha advertido de que esta será la medida que tomará con todo estado que reconozca la independencia de Kosovo.

 

Otros miembros, con España a la cabeza, rechazan el reconocimiento. Mientras, la UE ha aprobado una respuesta “unitaria” a la proclamación de Pristina: ya que no puede decidir en bloque el reconocimiento o no de un Estado, serán cada uno de los Veintisiete los que decidan, “según sus prácticas nacionales y sus reglas jurídicas”. Como institución, la UE subraya que el de la ex provincia serbia constituye “un caso único” que no sienta precedente para pueblos que aspiran a la independencia y se limita a “tomar nota” de la declaración de ayer en Pristina.

 

Conseguida la unidad europea para la descripción de la situación, ha comenzado el baile de los reconocimientos. El ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner, ha sido el primero en anunciar que Francia está “dispuesta” a reconocer a Kosovo. Horas después, el Elíseo hacía pública la carta que el presidente francés, Nicolás Sarkozy, ha enviado a su homólogo kosovar, Fatmir Sejdiu. En ella, Sarkozy recuerda que el nuevo estado se ha comprometido a aplicar en su totalidad el plan Ahtisaari, lo que incluye la protección de la minoría serbia.

 

También Italia y Reino Unido se disponen a hacerlo, según ha anunciado sus jefes diplomáticos. El jefe de la diplomacia italiana, Máximo D’Allema ha explicado que Italia también reconocerá el nuevo estado a través de una misiva de su jefe de estado. El ministro británico, David Miliband, ha anunciado que “el Gobierno británico ha decidido reconocer a Kosovo”. El Gobierno alemán, según su ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeyer, se reunirá mañana para decidir a favor del reconocimiento. Finlandia y Dinamarca también aceptan. El último en sumarse al reconocimiento ha sido EE UU. A través de un comunicado de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, Washington “reconoce formalmente a Kosovo como un Estado soberano e independiente. Felicitamos al pueblo de Kosovo en esta histórica ocasión”. Serbia ha retirado a su embajador en Washington a las pocas horas.

 

El parlamento serbio se ha reunido esta tarde a fin de “anular” las decisiones tomadas por el parlamento kosovar y considerarlas ilegales y fuera del ordenamiento constitucional serbio. El primer ministro Vojislav Kostunica ha anunciado a la apertura de la sesión la retirada del embajador serbio en EE UU y ha advertido de que esta será la “primera medida urgente” que tomen con cualquier país que reconozca la independencia de Kosovo. “Antes de Estados Unidos, lo había hecho (reconocer Kosovo como estado) sólo Afganistán. Esta declaración de EEUU no puede hacer verdadero a un estado falso, pero ante el mundo entero se ha mostrado la cara de violencia de la política estadounidense de la fuerza brutal”, añadió Kostunica.

 

Distinta es la respuesta de España. Ya antes de la reunión, el ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha confirmado lo que ya se venía anunciando. “El Gobierno español no reconocerá la “declaración unilateral” aprobada ayer porque “consideramos que no respeta la legalidad internacional”, esto es, el acuerdo entre ambas partes o una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Por la tarde ha reiterado estos argumentos.

 

Rumanía también se ha negado a reconocer el nuevo estado. El parlamento rumano ha aprobado hoy una declaración en la que afirma que “las condiciones para reconocer al nuevo estado no se han cumplido”. “El parlamento queire incidir en que la decisión en Pristina y el potencial reconocimiento por parte de otros países no puede ser interpretado como un precedente para otras áreas”, reza también la declaración del parlamento. La preocupación rumana se centra en que la minoría húngara, que vive mayoritariamente en Transilvania, trate de unirse a Hungría. “El nacimiento de un nuevo estado ha desmembrado Europa… aquí, en el corazón de esta tenemos varias regiones con demandas similares. Sólo hace falta una chispa para que el relativo equilibrio estalle”, escribía hoy el editorialista rumano Eliza Francu.

 

Junto a España y Rumanía, otros cuatro países se oponen a la existencia de un Kosovo independiente. Bulgaria, Chipre,

Eslovaquia y Grecia no ven con buenos ojos la independencia kosovar. Tampoco Georgia, donde Rusia apoya la independencia de las regiones de Abjazia y Osetia del Sur, reconocerá al nuevo estado kosovar. Su ministro de Exteriores, David Bakradze, informó sobre esta decisión en declaraciones a un canal de televisión.

 

La declaración común aprobada por los ministros de Exteriores de la UE, reunidos en Bruselas, supone que ha “superado de nuevo una prueba de unidad y ha adoptado una posición común”, ha dicho en rueda de prensa tras la reunión Dimitri Rupel, ministro de Exteriores de Eslovenia, que ostenta este semestre la presidencia de la UE.

 

El documento aprobado por la UE recoge la mayor parte de las propuestas presentadas por España, con algunos añadidos de otra propuesta de la presidencia eslovena. Según el documento, la UE “toma nota” de la situación creada tras la declaración de independencia aprobada ayer por el Parlamento kosovar. Tiene en cuenta la historia de violencia en los Balcanes en general y en Kosovo en particular para afirmar que el de Kosovo es un “caso único” que no sienta precedente como proceso culminado en independencia. Es por esto que subraya el compromiso de la UE con la soberanía e integridad territorial de los Estados.

 

También aboga por la “perspectiva europea” de la región de los Balcanes al completo, un eufemismo para expresar su esperanza de que la región sea algún día parte de la UE. También se compromete la UE a trabajar por la estabilidad en la región. “Hemos logrado reaccionar de forma coherente a un acontecimiento histórico”, ha destacado Rupel, señalando que las diferencias entre algunos países, entre ellos España, “son matices”.

 

Los primeros embajadores llegan a Pristina

 

Esta misma tarde han llegado a la capital de Kosovo los primeros embajadores de los estados que han reconocido el territorio como estado. El primero en presentar sus credenciales ante el primer ministro Hacim Thaçi ha sido el turco Fatmir Sejdiu.

Le han seguido los embajadores francés y británico. “(…) Estamos convencidos de que la independencia de Kosovo traerá la estabilidad a los Balcanes y que Kosovo establecerá buenas relaciones con todos sus vecinos, incluida Serbia”, ha declarado la embajadora francesa, Delphine Borione.

El embajador británico, David Blunt, ha afirmado que se trata de un “momento histórico” y ha reiterado el “fuerte compromiso” de su gobierno con el nuevo estado.

 

Kosovo aviva el ansia separatista de varios enclaves de la antigua URSS

 

Rusia apoya a Serbia y exige a la ONU que se respete la legalidad internacional

 

PILAR BONET – Moscú – 18/02/2008

 

Rusia denunció ayer la declaración de independencia de Kosovo, pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU -que terminó anoche sin alcanzar ningún acuerdo- y apoyó las “justas exigencias” de Serbia “para restaurar la integridad territorial del país”. Esta posición del Ministerio de Exteriores fue avalada por el portavoz del Kremlin, Dmitri Pskov, que calificó la independencia como un “acto ilegítimo” que contradice la resolución 1.244 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el Acta de Helsinki y el Grupo de Contacto. Pskov añadió que Rusia no reconoce la competencia de la misión de la UE en la región.

 

La independencia de Kosovo es un tema delicado para el Kremlin, ya que desencadena una dinámica autónoma en los territorios no reconocidos que se autoproclamaron independientes a principios de los años noventa como resultado de la desintegración de la URSS (Osetia del Sur y Abjazia en Georgia y el Transdniéster en Moldavia, así como el Alto Karabaj, enclave de Azerbaiyán donde los azerbaiyanos fueron expulsados por los armenios en 1988).Moscú no ha reconocido a ninguno de estos enclaves, pero ha sostenido económicamente a Abjazia, Osetia del Sur y el Transdniéster, donde ha repartido pasaportes rusos a decenas de miles de personas. Estos pasaportes podrían servir para legitimar una eventual intervención en defensa de los intereses de los ciudadanos rusos, si Moscú así lo deseara.

 

La retórica de Rusia ante los agujeros negros de la ex URSS ha variado y en ocasiones ha sido ambigua. El Kremlin no quiere complicarse la vida reconociendo su independencia, pero tampoco quiere propiciar una solución de los conflictos latentes que le prive de palancas de influencia en Georgia y en Moldavia. Por otra parte, la voluntad de Rusia de resolver esos conflictos en provecho de Moldavia o Georgia se ve sensiblemente mermada en vistas de la ampliación de la OTAN.

 

Pero para los separatistas pos-soviéticos, que defienden su independencia unilateral desde hace más de cinco lustros y que creen tener más motivos que Kosovo para ello, la declaración de Pristina es un precedente que no puede desperdiciarse, tanto si Moscú quiere acompañarles como si no. “Abjazia se dirigirá en breve al Parlamento de Rusia y al Consejo de Seguridad de la ONU para pedirles que reconozcan su independencia”, declaró el presidente abjazo, Serguéi Bagapch. “Hay más bases políticas y jurídicas para reconocer Osetia del Sur y Abjazia que Kosovo”, manifestó el líder de Osetia del Sur, Eduard Kokoiti.

 

“No vamos a imitar a nadie”, dijo Putin en su última conferencia de prensa, donde reiteró sus advertencias a países con problemas territoriales como España. Putin se jacta de haber asegurado la integridad rusa tras el peligro de fragmentación que en su opinión existía en la década de los noventa, pero no está del todo relajado. Para Rusia, el caso de Kosovo tiene otra inquietante dimensión internacional. El ex jefe de Gobierno Yevgueni Primakov reprochó anoche a Occidente el imponer soluciones por su cuenta sin permiso de la ONU y “continuar así la lógica de Irak”.

 

Kosovo se declara independiente entre la cólera de Rusia y Serbia

 

La UE y la OTAN piden calma y previenen contra la violencia

 

RAMÓN LOBOENVIADO ESPECIAL – Pristina – 18/02/2008

 

Ha caído la última pieza del dominó. La disolución de la antigua Yugoslavia ha sido completada tras las secesiones de Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Montenegro. Kosovo es desde ayer, a las 15.48, un país independiente. Su separación unilateral de Serbia ha sido lenta, sangrienta y traumática.

 

El Gobierno de Belgrado, a través de su primer ministro, Vojislav Kostunica, calificó de ilegal el alumbramiento del nuevo país europeo, habló de un “Estado falso” y prometió luchar contra su independencia por todos los medios diplomáticos y políticos, descartando el uso de la fuerza, una importante diferencia con los tiempos de Slobodan Milosevic en la década de los noventa. “Nosotros, los líderes elegidos democráticamente por nuestro pueblo, proclamamos a través de esta declaración que Kosovo es un Estado soberano e independiente”. Éste es el escueto texto pactado por los partidos que fue leído en una sesión extraordinaria del Parlamento.

 

EDITORIAL

 

Kosovo, hora cero

 

La independencia de la antigua provincia serbia supone un reto formidable para Europa

 

18/02/2008

 

Kosovo, cuya independencia unilateral se proclamó ayer eufóricamente en Pristina, tardará años en ser un Estado viable, pero la tarea inmediata de sus mentores consiste en impedir que se convierta en poco tiempo en uno fallido. Lo que no es imposible si se considera que en sus escasos 11.000 kilómetros cuadrados está casi todo por hacer. En el empeño resultará crucial la vasta misión montada por la Unión Europea para apuntalar los primeros tiempos de la nueva nación, que sustituirá paulatinamente a la que mantiene la ONU desde hace casi nueve años.

 

No es moneda frecuente la aparición de un nuevo Estado en Europa, aunque en lo que fuera Yugoslavia lo haya propiciado el catastrófico designio panserbio de Slobodan Milosevic. Y quizá Kosovo no sea el último en ver la luz en los Balcanes. En cualquier caso, su independencia estuvo sellada desde que Serbia, tras suprimir la autonomía de su provincia de mayoría étnica albanesa, entrase después en ella a sangre y fuego en un nuevo intento para aplastar a una minoría étnica. Los bombardeos de la OTAN en 1999 para detener el genocidio y el odio ya acumulado cancelaron cualquier posibilidad de convivencia bajo la soberanía de Belgrado.

 

Una vez más, la Unión Europea, que tutelará la independencia del nuevo Estado y cuyos ministros de Exteriores valorarán hoy el acontecimiento, acude a la cita dividida. Sus Gobiernos más importantes, junto con Estados Unidos, están a favor. Unos pocos, España entre ellos, son opuestos por el momento al reconocimiento de Kosovo. Pero eso no ha impedido la aprobación conjunta de la más importante misión de la UE hasta la fecha. Con lo que tiene de experimento, el reto es formidable. Esa fuerza de choque de dos mil personas debe empujar a Kosovo inicialmente por los terrenos de la ley y el orden, lo que no será fácil en un territorio donde son rampantes la corrupción y la delincuencia organizada. Por añadidura, el nuevo Estado, del tamaño de Asturias y con la mayor tasa de nacimientos de Europa, no podrá valerse por sí mismo durante años. El paro supera el 50% y sus únicos recursos económicos son los minerales. Kosovo vivirá de la ayuda internacional y las remesas de sus emigrantes. Los 16.000 soldados de la OTAN desplegados en lo que hasta ayer fuera provincia serbia serán columna vertebral de su seguridad y estabilidad.

 

Serbia intentará dificultar la vida de los kosovares. Lo intentará con el apoyo de Vladímir Putin, que juega ahora a defensor de la legalidad internacional y cuyo burdo oportunismo ha transformado Kosovo en un punto de fricción más entre Occidente y el Kremlin. Pero es poco lo que Belgrado puede hacer ya, aparte de seguir financiando los servicios públicos paralelos en la franja norte del territorio, hogar de unos 50.000 serbios, excluida del control de la ONU. Para Belgrado, la secesión de Kosovo es una experiencia traumática más de su atormentada existencia en los últimos 20 años. La Europa democrática deberá esforzarse por convencer a Serbia, donde la vigencia del ultranacionalismo es muy acusada, de que su horizonte radica en su paulatino acercamiento al modelo de valores y progreso que la UE representa.

 

El desafío definitivo, sin embargo, lo tienen los propios kosovares, esos casi dos millones de personas que soñaban desde hace mucho con el momento finalmente llegado. Pristina tiene la responsabilidad final de edificar un país multiétnico y democrático, bajo el imperio de la ley y donde los derechos de la minoría serbia y su patrimonio cultural y religioso gocen de idéntica protección que los albanokosovares. Los próximos meses comenzarán a dar la medida de hasta qué punto Kosovo sabe hacer buena la oportunidad que la historia le ha deparado.

El Gobierno de Belgrado, a través de su primer ministro, Vojislav Kostunica, calificó de ilegal el alumbramiento del nuevo país europeo, habló de un “Estado falso” y prometió luchar contra su independencia por todos los medios diplomáticos y políticos, descartando el uso de la fuerza, una importante diferencia con los tiempos de Slobodan Milosevic en la década de los noventa. “Nosotros, los líderes elegidos democráticamente por nuestro pueblo, proclamamos a través de esta declaración que Kosovo es un Estado soberano e independiente”. Éste es el escueto texto pactado por los partidos que fue leído en una sesión extraordinaria del Parlamento.Los 109 diputados presentes la aprobaron a mano alzada. Fueron momentos de enorme emoción. Los 11 representantes de las minorías, incluidos los serbios, boicotearon el acto. En la calle estalló el júbilo. Lágrimas, abrazos y besos. Hubo cientos de disparos al aire -y cuatro heridos, entre ellos dos niños-. Las tracas y los petardos convirtieron Pristina por unos minutos en una ruidosa Valencia en fallas.En sus discursos previos a la aprobación de la independencia, el presidente, Fatmir Sejdiu, y el primer ministro, Hashim Thaçi, hicieron una referencia especial a los serbios (unos 100.000) que viven en Kosovo, pues el objetivo es evitar su huida, una de las tentaciones que acaricia Belgrado: lograr la fotografía de un éxodo masivo, como el de los serbios de Croacia en 1995, para poder culpar así a Occidente.”Kosovo es de todos sus ciudadanos (…) Será una sociedad abierta que respetará la dignidad humana” y que está decidida a enfrentarse a su “doloroso legado del pasado inmediato con un espíritu de reconciliación y perdón”, dijo un tranquilizador Thaçi, que fue jefe de la guerrilla que combatió al Ejército de Milosevic en 1998-1999.La independencia unilateral de Kosovo, tras dos años de infructuosas negociaciones con Serbia, es limitada, de momento. Aunque se produce fuera del marco de Naciones Unidas y de la resolución 1.244 que puso fin a la guerra hace nueve años (por la amenaza del veto ruso) está basada en el Plan Ahtisaari, elaborado por el enviado especial de la ONU, el ex presidente finlandés Marti Ahtisaari.Éste prevé una protección especial para las minorías y aporta numerosas cautelas, como la imposibilidad de disponer de un Ejército propio. El nuevo país dependerá de la presencia militar de la OTAN (Kfor) y de la ayuda económica de la UE, que aportará 500 millones de euros en los dos primeros años para poner en marcha un sistema judicial capaz de acabar con la corrupción y el crimen organizado y evitar que Kosovo termine siendo un Estado fallido.El despliegue militar de Kfor era muy visible ayer en Mitrovica, uno de los posibles puntos de conflicto entre la mayoría albanesa (el 90% de los dos millones de habitantes) y los enclaves serbios del centro y sur. En esa ciudad dividida del norte, a unos 40 kilómetros de Pristina, se produjeron anoche los primeros incidentes. Dos edificios de la ONU y la UE fueron atacados por unos desconocidos. No hubo heridos, aunque dos coches resultaron dañados.El objetivo de la KFOR, que ha desplegado en ese inestable norte a un 25% de su fuerza compuesta por 16.000 mujeres y hombres (620 de ellos, españoles), es evitar que un incidente menor degenere en una escaldada violenta. También se desea demostrar a las autoridades de Serbia de que no se permitirá la secesión de los tres municipios del norte habitados por unos 40.000 serbios. El ministro para Kosovo del Gobierno de Kostunica visitó ayer Mitrovica norte en una demostración de la voluntad de Belgrado de no abandonar a los serbios de Kosovo.Nadie sabe lo que sucederá en las próximas horas y días. Si habrá provocaciones graves, si las manifestaciones de protesta previstas hoy (ayer un policía serbio resultó herido en la celebrada en Belgrado frente a la embajada de EE UU) terminarán en violencia generalizada o si los Balcanes, exhaustos tras años de guerras y odio serán capaces por fin de hallar una vía de tolerancia que les permita incorporarse en un futuro a la Unión Europea y a otro tipo de cultura política y dejar atrás un pasado que les pesa y esclaviza.

 

La OTAN será firme contra la violencia

 

Los miembros de la UE se reúnen hoy para debatir sobre la independencia

 

RICARDO M. DE RITUERTO – Bruselas – 18/02/2008

 

La UE y la OTAN, tensas ante la incertidumbre que abre la forzada creación de un nuevo Estado en el corazón de los Balcanes, hicieron ayer un apresurado llamamiento a la calma mientras dejaban para hoy las manifestaciones de calado político. En ellas saldrán a la luz las divisiones en el seno de una Unión donde partidarios de reconocer la independencia de inmediato y negacionistas sólo están de acuerdo en que cada uno haga lo que considere oportuno. Lo escueto y reservado de los comunicados oficiales de ayer contrastó con la euforia de los cientos de kosovares que recorrieron las calles del centro de Bruselas.

 

Javier Solana habló por teléfono con Hashim Thaçi, primer ministro kosovar, y otros dirigentes de la región para instarles a actuar “de un modo tranquilo y responsable” en este “momento crucial”, según indicó en un sobrio comunicado.

 

“Quiero subrayar que la estabilidad de Kosovo y de todo los Balcanes es esencial”. De ello se encarga en primera instancia la Kfor, la fuerza militar comisionada por la ONU y comandada por la OTAN, que “continuará cumpliendo con su obligación de mantener la seguridad en todo el territorio de Kosovo”, en palabras del secretario general aliado, Jaap de Hoop Scheffer, quien en otra declaración escrita aludió a que la Kfor busca la seguridad “para todos los ciudadanos, mayoría y minoría, de modo imparcial”.

 

La Kfor tiene unos 17.000 soldados en Kosovo (incluido 640 españoles) en estado de máxima alerta y con órdenes de “responder rápida y firmemente contra cualquiera que recurra a la violencia”.Mientras se confía en que nada así vuelva a repetirse, los distintos gobiernos de la Unión reiteraron los llamamientos a la calma. Algunos fueron más explícitos que otros. Bernard Kouchner, jefe de la diplomacia francesa, deseó “buena suerte a Kosovo” y habló de cómo lo ocurrido ayer en Pristina “es un éxito de la comunidad internacional y de Europa”.

 

Es una opinión cuestionada por algunos diplomáticos por más que en el seno de las instituciones comunitarias se haga una distinción entre lo que ha hecho la UE y lo que vayan a hacer cada uno de sus 27 socios. El vaso medio lleno es que la Unión haya acordado, con sólo la abstención de Chipre, el envío de una misión de unos 2.000 efectivos para intentar convertir a Kosovo en un Estado de derecho, democrático, respetuoso con las minorías y viable. Lo ven medio vacío quienes lamentan que no haya sido posible evitar la escisión de la provincia, que no se haya alcanzado un acuerdo entre los Veintisiete y que tampoco lo vaya a haber sobre qué hacer ahora.

 

Los seis países que han dicho que no reconocerán la independencia (España, Grecia, Eslovaquia, Chipre, Rumania y Bulgaria) se mantenían ayer firmes frente al bloque encabezado por los cuatro principales socios de la UE, que hoy se espera den el al Kosovo independiente.

 

El caso de Kosovo ha dejado en evidencia la debilidad de la presidencia eslovena de la UE, que el mes pasado se vio sacudida por una crisis al trascender conversaciones confidenciales con EE UU sobre la estrategia a seguir para facilitar el reconocimiento comunitario de una independencia activamente instigada desde Washington.

 

En una reunión celebrada en diciembre en Washington, el secretario de Estado adjunto para Asuntos Europeos, Daniel Fried, daba instrucciones a un emisario esloveno en vísperas de asumir la presidencia de la Unión y le decía que no se preocupara si no todos los europeos reconocían a Kosovo; lo más importante era que la UE enviara una misión pese a la oposición de Rusia y Serbia. “EE UU ha llevado de la oreja a Eslovenia durante todo este proceso”, dice una fuente diplomática europea.

 

REPORTAJE: El nuevo país europeo

 

Un sueño que costó mucha sangre

 

El Kosovo independiente empezó a nacer con sufrimiento en 1999, entre la brutal represión de las tropas de Slobodan Milosevic y las bombas de la OTAN

 

R. LOBO – Pristina – 18/02/2008

 

No cabía un alfiler en el bulevar de la madre Teresa, en Pristina. Había más banderas que personas, pues eran muchas las que portaban dos, tres y cuatro: en la cabeza, al hombro o al viento. Un mar de telas rojas con el águila bicéfala negra en el centro —la enseña nacional de todos los albaneses desde el siglo XV— dominaba el paisaje en una ciudad gélida, sometida a temperaturas de 11 grados bajo cero. Grupos de jóvenes con sus piercing se abrían paso portando una enorme con las barras y estrellas al grito de “¡U-S-A!”. Otras banderas estadounidenses habían incorporado retratos de Marilyn Monroe y Bill Clinton. Había pocas de la UE, que va a pagar la independencia y el sostén del nuevo Estado del tamaño de Asturias, pero sí carteles con “Gracias Europa”, “Gracias Francia” o “¡Viva Italia!”.

 

El Kosovo independizado ayer empezó a nacer con sufrimiento en 1999, entre la brutal represión de las tropas de Slobodan Milosevic, que expulsaron fusil en mano a la mitad de la población albanesa (casi un millón de personas), y de las bombas de la OTAN, que acudió en su socorro. Acabada aquella guerra, la última de cuatro balcánicas, Serbia se retiró de Kosovo con sus tropas y sus símbolos dejando atrás un reguero de fosas comunes y destrucción. El territorio que considera la cuna de su Estado medieval quedó en manos de la ONU. En realidad, todo empezó mucho antes, en 1989, cuando Milosevic cambió el comunismo por el nacionalismo oportunista y anuló la autonomía.

 

Lo vivido ayer en Kosovo es el final de una ocupación y el comienzo de un camino incierto y peligroso. Entregado a Serbia en 1913, fue tratado por todas las autoridades que se sucedieron en Belgrado como una colonia, el lugar de donde se extraían los minerales y se enviaban los funcionarios mediocres. Serbia nunca tuvo un plan para gobernar Kosovo (además de la limpieza étnica), le bastaba con agitar y gobernar sus mitos de la batalla del campo de los mirlos.

 

En el abarrotado y helado bulevar Madre Teresa, donde se celebraron las manifestaciones contra Milosevic, quedan aún vivos los recuerdos y brotan las lágrimas fácilmente, como la de Nermin, de 47 años, que permaneció en Pristina durante la guerra. “Cada día tenía miedo a salir a la calle y cada noche tenía miedo de que la policía serbia echara abajo la puerta de casa. Es un día muy feliz”. Llevaba de la mano a su hija de 11 años para que pueda recordar un momento que cambiará su vida.

 

Mientras que los diputados y el Gobierno seguían al pie de la letra el guión institucional preparado por ellos mismos con ayuda de la comunidad internacional, la gente se arremolinaba en torno a un escenario vacío poblado de media docena de micrófonos. No se habían instalado pantallas gigantes para seguir el desarrollo del histórico debate parlamentario. “Lo ha prohibido la UNMIK [Misión de Naciones Unidas en Kosovo, que deja ahora su lugar a la UE], exclamó irritada una joven. Son las últimas oportunidades para culpar a la ONU.

 

Los bares se llenaron de curiosos que pugnaban por saber si la independencia llegaba puntual. Cuando el presidente del Parlamento leyó la proclamación para someterlo a votación, miles de personas levantaron sus manos. Era el voto masivo y emocionado de una nación, la más joven de las 193 que existen en el mundo.

 

Los rostros de la gente quedaron iluminados por dentro. Reían nerviosamente, lloraban y se abrazaban al desconocido como si fuera un pariente. Emociones, muchas; palabras, pocas. El gran escritor albanés Ismail Kadaré lo explica bien: “A veces la lengua no está preparada para describir momentos tan extraordinarios”.

 

La oposición de Rusia impide el reconocimiento del Consejo de Seguridad

 

Los países europeos del Consejo y EE UU se comprometen a garantizar la seguridad de la región a través de la OTAN

 

AGENCIAS – Naciones Unidas – 18/02/2008

 

El Consejo de Seguridad de la ONU ha sido incapaz de llegar a una posición común sobre la declaración de independencia de Kosovo. Su separación unilateral de Serbia ha sido contestada por Rusia en el seno del máximo órgano de decisión de Naciones Unidas, lo que ha impedido un acuerdo. “Lamentamos que el Consejo de Seguridad no haya llegado a un acuerdo”, ha dicho el embajador belga Johan Verbeke en un comunicado emitido esta medianoche y suscrito también por Francia, Italia, Reino Unido, Croacia, Alemania y Estados Unidos, todos ellos países favorables a la independencia de la antigua provincia serbia de mayoría albanesa.

 

“Los acontecimientos de hoy [?] representan la conclusión de un proceso que ha agotado todas las vías en la búsqueda de una salida negociada”, ha dicho el diplomático belga al término de la reunión de los 15 países integrantes del consejo a petición de Rusia. Ha sido el embajador panameño ante el consejo, Ricardo Alberto Arias, que ostenta la presidencia de turno, quien ha confirmado a los periodistas que las diferencias entre los países occidentales, en su mayoría favorables a la independencia, y Rusia, que pretende bloquearla, han sido la clave del desacuerdo.

 

El comunicado suscrito por los siete países más arriba citados asegura que el statu quo en Kosovo “había llegado a ser insostenible y un proceso estable y coordinado, con la ayuda internacional, es mejor que prolongar la inestabilidad? Añade que la resolución de la ONU aprobada hace ahora nueve años proporciona el marco para una transición hacia un nuevo estatus para Kosovo. “Estamos decididos a asumir nuestras responsabilidades como Estados y a través de la Unión Europea y la OTAN garantizar la estabilidad y la seguridad de la región”, concluye el comunicado.

 

El Consejo de Seguridad ya abordó hace tres días esta situación, pero tampoco logró una posición común. Mientras Rusia, tradicional aliado de Serbia, considera que el problema de Kosovo no es de carácter únicamente europeo, EE UU -que siempre ha apoyado las ambiciones secesionistas albanokosovares- considera que sí lo es.

 

Para Rusia la declaración de Pristina supone una “quiebra descarada de la ley internacional”, y deberá ser declarada, al igual que ha dicho Serbia, nula e inválida.El embajador de Rusia ante la ONU, Vitaly Churkin dijo esta semana que la independencia de Kosovo supone una violación de la Carta de Naciones Unidas, y en particular el artículo 24 sobre la responsabilidad del Consejo de Seguridad en el mantenimiento de la paz y la seguridad en el mundo. Moscú ya ha expresado su temor a que tras la decisión de hoy se produzcan graves amenazas a la seguridad de la población local y que se desencadenen situaciones semejantes en otros lugares del mundo donde existen tensiones nacionalistas, animados por la actuación de Pristina.

 

Washington, por su parte, está dispuesto a resucitar el plan de paz para Kosovo del enviado especial de la ONU, el finlandés Martti Ahtisaari, que en 2007 recomendaba una soberanía supervisada y tutelada internacionalmente. Desde Tanzania, en donde se encuentra de viaje oficial y horas antes de la declaración de independencia, el presidente de EEUU, George W. Bush ha subrayado que su país cooperará con sus aliados para evitar la violencia en la zona. Bush, que no ha respondido directamente a una pregunta sobre si EE UU reconocería Kosovo, sí ha señalado que Washington cree que “es necesario resolver el estatus de Kosovo para que haya estabilidad en los Balcanes”.

 

De conseguir el reconocimiento internacional, Kosovo puede convertirse en el estado 193 del mundo y en el sexto que surge del desmembramiento de la antigua Yugoslavia, que desde 1991 ha dado lugar a Eslovenia, Croacia, Macedonia, Bosnia y Montenegro, y Serbia.

 

Miles de serbios de Kosovo se manifiestan en Mitrovica contra la independencia

 

Anuncian que habrá marchas todos los días a las 12.44, en referencia a la resolución 1244 de la ONU

 

EFE – Mitrovica – 18/02/2008

 

Miles de serbo-kosovares se han manifestado hoy sin causar incidentes en diferentes lugares de Kosovo para expresar su repulsa a la independencia proclamada por Pristina el domingo. La concentración más grande ha tenido lugar en Mitrovica, en el norte de Kosovo, donde según estimaciones de la policía unas 6.000 personas han marchado desde el centro de la parte norte de la ciudad hasta el puente sobre el río Ibar que divide a la localidad y que sirve de frontera entre la población serbia y albanesa de la ciudad.

 

Varias banderas de Estados Unidos, principal aliado de Kosovo en su camino hacia la independencia, han sido quemadas durante la protesta, que se ha disuelto apenas una hora después de su comienzo. Los organizadores de la manifestación han anunciado que quieren protestar a partir de ahora todos los días a las 12.44 horas local (11.44 GMT) en referencia a la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU, que establece Kosovo como parte de Serbia.”América ya no es la única superpotencia del mundo”, ha dicho a los manifestantes Marko Jaksic, uno de los líderes serbio-kosovares.

 

“Vienen los rusos y mientras que exista Rusia y Serbia, no habrá nunca un Kosovo independiente”, ha agregado el portavoz de los municipios serbios de Kosovo. Los manifestantes gritaban “Serbia, Serbia”, llevando pancartas con lemas como “No vamos a entregar a Kosovo” y “Vamos a defender Kosovo con todas nuestras fuerzas”.

 

También en otros centros urbanos habitados por serbios se han producido manifestaciones, como en Gracanica, cerca de Pristina, y en Strpce, en el sur de Kosovo. En Gracanica, se han congregado unas 800 personas en una marcha sin incidentes.

 

España juzga ilegal la independencia

 

Artur Mas insta a Zapatero a que respete el “derecho a decidir” de los kosovares

 

R. M. DE RITUERTO – Bruselas – 19/02/2008

 

El ministro de Exteriores de España, Miguel Ángel Moratinos, llegó ayer a Bruselas y nada más bajarse del coche disparó que la declaración unilateral de independencia de Kosovo era “ilegal” y que España no la reconocería. Se volvió a Madrid manteniendo la misma posición y con el reconocimiento de sus colegas al esfuerzo hecho por lograr una posición común dentro de la diversidad de puntos de vista entre los Veintisiete. Fue un raro éxito diplomático de España en Bruselas. “Los españoles han sido inteligentes y generosos”, declaró el ministro francés, Bernard Kouchner.

 

“La posición del Gobierno es clara, muy firme de no reconocimiento de una decisión unilateral por parte del Parlamento kosovar”, dijo Moratinos tras reunirse con sus colegas durante horas de tenso debate. A su juicio, la declaración es “ilegal” porque “no tiene la base suficiente de legalidad internacional que España siempre defiende”.La independencia de Kosovo no es de recibo para España porque no se ha hecho de acuerdo entre las partes ni, alternativamente, ha habido una resolución de Naciones Unidas que la avale. “Sabemos que tenemos razón en materia de derecho internacional”, apostilló el ministro quien, a preguntas de corresponsales extranjeros, no entró en semejanzas con los secesionistas españoles.

 

Moratinos negó que hubiera contradicción alguna entre considerar que Kosovo vive en la ilegalidad y al mismo tiempo participar en las operaciones Kfor y Eulex. El ministro de Exteriores señaló que ambas intervenciones habían sido adoptadas, por la ONU y por la UE, antes de la declaración unilateral de independencia de Pristina y que España seguirá en ellas para contribuir a la estabilidad de la región.

 

En Barcelona, la declaración de independencia de Kosovo encendió, con prudencia, el entusiasmo de los nacionalistas catalanes, informa Joan Foguet i Ferrer. Los más soberanistas, los de Esquerra Republicana, iniciaron ayer su ejecutiva con un brindis de cava celebrando la independencia kosovar. Eso sí, el candidato de ERC a las generales, Joan Ridao, insistió en que en ningún caso se puede comparar Cataluña con Kosovo e insistió en que el Gobierno español debe reconocer inmediatamente al nuevo Estado europeo. De todas maneras, Ridao dijo que se trata de un “precedente porque es un nuevo Estado bajo la tutela de la Unión Europea” y que trasladar el debate sobre el reconocimiento de Kosovo al Congreso será “prioritario” para la formación republicana.

 

Desde CiU, su presidente Artur Mas, instó al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a demostrar su “talante democrático” respetando el “derecho a decidir” de Kosovo. Mas remarcó que “si el Gobierno socialista se niega a reconocer algo que están reconociendo los países con más tradición democrática de Europa y del mundo significa que está muy espantado o que no actúa desde un punto de vista democrático”.

 

Los socialistas catalanes, mediante su portavoz Miquel Iceta, descartaron cualquier analogía entre Kosovo y Cataluña. Iceta expuso que su formación sigue “con preocupación e interés este proceso” y añadió que el Gobierno de España cuenta con su apoyo.

 

En el Parlamento catalán previsiblemente se votará en el plenario de esta semana una propuesta de resolución rescatada del olvido por CiU en la que se pide “manifestar la necesidad de que la Unión Europea reconozca e integre, en un futuro próximo, el mapa político resultante”. La moción, presentada en diciembre por CiU, PSC, ERC e ICV-EUiA, reclamaba una decisión de las Naciones Unidas sobre “el estatus jurídico definitivo de Kosovo, de acuerdo con la voluntad del pueblo kosovar”.

 

El número dos del PP por Madrid, Manuel Pizarro, defendió la necesidad de manejar “con mucho cuidado”, “delicadeza” y “mucha finura” la situación creada en Kosovo, y recalcó que en el derecho internacional “no se admiten” declaraciones unilaterales de independencia, informa Efe.

 

China muestra preocupación por la secesión de Kosovo

 

JOSE REINOSO – Pekín – 19/02/2008

 

Todo lo que suena a autodeterminación pone nervioso al Gobierno chino. Y así lo puso de manifiesto ayer con la vista puesta en Taiwan y las regiones autónomas de Tíbet y Xinjiang, donde existen fuertes tensiones nacionalistas. Pekín mostró su “gran preocupación” por la declaración de independencia de Kosovo, porque puede ser “tremendamente negativa” para la paz y la estabilidad en los Balcanes, según dijo Liu Jianchao, portavoz de Exteriores.

 

China -uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, con derecho a veto- criticó que la declaración de soberanía se haya producido sin el acuerdo de las potencias mundiales y afirmó que la solución al problema pasa por un plan aceptable para todos, a través de una negociación bilateral entre Kosovo y Serbia, en el marco de la ley internacional.

 

Pekín reaccionó con ira a la bienvenida dada por Taiwan a la independencia de Kosovo, y afirmó que la isla no está cualificada para reconocer a otros países. China considera Taiwan parte irrenunciable de su territorio y ha amenazado con invadirlo si se declara soberano. Pekín no se ha pronunciado sobre si reconocerá al nuevo Estado europeo, pero, de no hacerlo, éste podría verse tentado a establecer relaciones diplomáticas con Taipei.

 

China mantenía estrechos lazos con el ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic y se opuso a la intervención de la OTAN en Yugoslavia, en 1999. Vio la acción de la alianza como un precedente para lo que podría ocurrir algún día en Tibet y Xinjiang.

Occidente reconoce a Kosovo

 

EE UU y las potencias europeas abren relaciones en cascada con el nuevo Estado – La UE acepta un ‘caso especial’, que no afecta al principio de integridad territorial

 

RICARDO M. DE RITUERTO – Bruselas – 19/02/2008

 

Estados Unidos y las grandes potencias europeas comenzaron ayer a reconocer en cascada la independencia de Kosovo. Francia, Reino Unido, Alemania e Italia anunciaron el inmediato reconocimiento. París lo dio por hecho en el momento en que el presidente kosovar recibiera ayer mismo la carta que le enviaba Nicolas Sarkozy. En total, docena y media de Gobiernos lo harán en cuestión de días.

 

España reiteró que no reconocerá de ninguna manera la “ilegal declaración unilateral de independencia del Parlamento de Kosovo”, que para la UE es un caso sui géneris que no establece precedentes, según la declaración del Consejo de Ministros de Exteriores de la Unión en que se acordó que cada país es libre de reconocer o no esa independencia.

 

Los ministros europeos acudieron a su regular reunión mensual de Bruselas acuciados por el hecho sin precedentes de que una provincia de un Estado europeo, como es Serbia, con fronteras reconocidas por todos, se proclamara independiente de forma no pactada y sin el reconocimiento de Naciones Unidas. Algunos de ellos y no pocos politólogos consideraban tal declaración como una flagrante violación de la Carta de Naciones Unidas y del Acta de Helsinki. Era y es la posición mantenida por España, que acudió a la cita dispuesta a defender su punto de vista sin dar su brazo a torcer.

 

A la Unión se le presentaba el problema de cómo mantener la fachada de unidad entre los Veintisiete una vez resquebrajada de hecho esa unidad por la negativa de algunos Gobiernos, entre ellos el de Madrid, de someterse a la política de hechos consumados en Pristina.

 

A la propuesta de la presidencia eslovena de dar libertad a cada país de actuar como considere pertinente ante esta declaración de independencia, teniendo siempre en cuenta el carácter sui géneris del caso kosovar, añadió España que la UE mantiene su compromiso con el principio de la integridad territorial de los Estados consagrada por la Carta de Naciones Unidas y el Acta Final de Helsinki. Tras largas discusiones a puerta cerrada, los ministros consiguieron consensuar una declaración de cinco párrafos en la que se establece que “los Estados Miembros decidirán, de acuerdo a sus procedimientos nacionales y el derecho internacional, sobre sus relaciones con Kosovo”.

 

 El texto se cierra con la reiteración del Consejo de Ministros comunitario de “la adherencia de la UE a los principios de la Carta de Naciones Unidas y el Acta Final de Helsinki, entre ellos los principios de soberanía e integridad territorial y todas las resoluciones correspondientes del Consejo de Seguridad”.Todos los Gobiernos reconocen, además, que “Kosovo constituye un caso sui géneris que no pone en cuestión los principios y resoluciones” de la controvertida resolución 1244 de Naciones Unidas, en la que partidarios y enemigos de la independencia kosovar se envuelven para defender sus respectivos criterios. Lo que hace de Kosovo un caso que no debe interpretarse como un precedente, según los ministros, es el sangriento “conflicto de la década de los noventa y el extenso periodo de administración internacional bajo la resolución 1244” acordada en 1999.

 

Bernard Kouchner, ministro de Exteriores francés, que fuera representante del secretario general de Naciones Unidas en Kosovo entre 1991 y 2001, dijo sentirse feliz, en lo personal, por la evolución de los acontecimientos que, presentó como “la victoria de la comunidad internacional, del multilateralismo y una gran victoria para Naciones Unidas”. También de la UE, que, según él, con esa declaración había mostrado estar unida.

 

“Tenemos intención de reconocer a Kosovo” agregó. “El presidente a escrito al presidente kosovar. “La carta va a salir esta tarde. En cuanto llegue el reconocimiento de la independencia quedará hecho”.En el momento de hablar Kouchner creía que EE UU ya lo había hecho “hace una o dos horas”, cuando el presidente George Bush declaró en Arusha (Tanzania) a una televisión de EE UU:

 

 “Los kosovares ya son independientes. Es lo que he defendido junto a mi Gobierno”. La portavoz del Departamento de Estado, Dana Perino, salió al paso de quienes interpretaban las palabras de Bush como el reconocimiento oficial. Tal medida es responsabilidad del Departamento de Estado, que ejerció más tarde Condoleezza Rice. “EE UU ha reconocido hoy formalmente a Kosovo como un Estado soberano e independiente”, anunció la secretaria de Estado.

 

Serbia denuncia “la traición” de la UE

 

Belgrado retira a su embajador en EE UU tras el reconocimiento de Prístina

 

RAMÓN LOBO (ENVIADO ESPECIAL) – PRISTINA – 19/02/2008

 

A 200 metros del puente que separa Mitrovica norte del Kosovo que aún celebra la independencia y los primeros reconocimientos internacionales, miles de serbios se reunieron ayer para expresar su rechazo a la secesión. Otras banderas, también con el águila bicéfala, y otros himnos patrióticos trataban de reforzar la alicaída identidad de los que sienten que les han robado la tierra y los símbolos. No fue la única protesta. Las hubo en Gracanica y en otros enclaves serbios del sur y este de Kosovo.

 

En Belgrado marcharon 7.000 estudiantes y otros 1.000 en Banja Luka, la principal ciudad serbia de Bosnia-Herzegovina, donde se gritó “muerte al albanés”. A pesar de la intensa emoción desplegada, no hubo incidentes graves.”Kosovo es el corazón de Serbia”, “Kosovo permanecerá siempre serbio”, eran dos de los lemas coreados. Los líderes que tomaron la palabra en Mitrovica norte no hicieron excesivos esfuerzos por aplacar los ánimos. Marko Jaksic, presidente del Consejo Nacional, fue el más radical, pese a condenar los incidentes aislados de las últimas horas:

 

“La misión de la Unión Europea no es bienvenida. Son invasores. Os llamo al boicoteo, que nadie les alquile un local o una casa, que nadie les sirva un café, que nadie les hable. Hagamos que se sientan como unos intrusos”.”Serbia nunca ha traicionado a Europa y ahora Europa traiciona a Serbia”, dijo un diputado llegado de Montenegro. De nuevo los mitos sobre el martirio y la victimización que tienen secuestrado a un pueblo, convencido de que son la frontera incomprendida que protege las esencias de la civilización amenazada. “Ustedes los occidentales no tienen ni idea. Sé mi historia y la de mi familia. No necesito leer un libro para conocer el pasado. (…) Las cifras de Srebrenica están exageradas. Lo admite incluso el Tribunal de La Haya”, asegura Ivana.

 

La nueva batalla de los líderes serbios es lograr la partición del norte de Kosovo, que el puente que divide Mitrovica sea la frontera. Belgrado ha anunciado un incremento de las inversiones y de su presencia para dar visibilidad al nuevo sueño. “Es absurdo convertir en objetivo lo que se tiene, pues se arriesga a perderlo todo. Existe una partición de facto desde 1999″, asegura el líder moderado serbio Oliver Ivanovic. Dice que los próximos dos meses son peligrosos y que es imprescindible que “Belgrado hable con mensajes claros” para evitar malas interpretaciones.

 

Concluidos los discursos en Mitrovica norte, cantado el himno nacional y dados los gritos de rigor, los miles de manifestantes que se apretujaban en otra gélida mañana kosovar marcharon hacia el puente. Allí quemaron enseñas albanesas y alguna estadounidense delante de una discreta presencia de la policía internacional. Un helicóptero de la OTAN vigilaba la marcha y decenas de tropas aguardaban acontecimientos agazapadas en Mitrovica sur.

 

“Habrá una manifestación cada día hasta el 17 de marzo, fecha en que se conmemora la limpieza étnica de los serbios de Kosovo”, dice Bojan, un líder estudiantil. “En la del viernes participarán estudiantes de toda Serbia. Saldrán cada día a las 12.44”, en referencia de la resolución de la ONU, el gran argumento jurídico para calificar de ilegítima la proclamación unilateral de independencia.

 

El obispo ortodoxo Artimije de Gracanica, uno de los monasterios medievales que sirven de presunta escritura de propiedad de la tierra, sigue atrapado en un discurso militarista, como cuando en 1998 bendecía a los paramilitares que iban a la batalla. Ayer propuso que Belgrado compre armas a Rusia para reconquistar todo Kosovo.

 

Mientras Serbia lame sus heridas, en Pristina se vivió el tercer día consecutivo de algarabía. Los rostros iluminados por la felicidad del domingo empiezan a apagarse presos del cansancio acumulado. El bulevar de Madre Teresa volvió a llenarse de gentes que vitoreaban cada reconocimiento internacional como si fuera una victoria.

 

Solana afirma que la UE está unida en relación a Kosovo

 

El jefe de la política exterior de la UE reconoce, sin embargo, que cada país miembro tiene sus propios procedimientos para reconocer o no la soberanía de la ex provincia serbia.-Rusia advierte de “consecuencias” a la UE

 

AGENCIAS – Pristina – 19/02/2008

 

El responsable de la política exterior de la Unión Europea, Javier Solana, se ha convertido en el primer diplomático occidental en viajar a Kosovo desde que declaró su independencia y desde allí ha reiterado que el grupo de los 27 está “unido” en relación a la proclamación separatista de ese país. Sin embargo, ha reconocido que cada país miembro tiene sus propios procedimientos para reconocer o no la soberanía de la ex provincia serbia.

 

“Diferentes países tienen diferentes ritmos y procedimientos para tratar las nuevas realidades en la comunidad internacional”, ha afirmado Solana tras reunirse con el primer ministro kosovar, Hashim Thaci, al referirse a la negativa de algunos países de la UE, como España y Rumania, de reconocer la independencia de Pristina.

 

La Unión “no reconoce países, sino que son los países miembros los que lo hacen en base a su legislación nacional”, ha afirmado el diplomático. Las principales potencias europeas, Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, anunciaron el lunes el reconocimiento de la secesión de Kosovo.El viaje de Solana coincide con los debates iniciados este martes por el Parlamento kosovar para aprobar una serie de leyes sobre el plan del ex mediador de la ONU, Martti Ahtisaari para el funcionamiento del nuevo Estado.

 

En un primer contacto con la prensa, Solana ha dicho que “somos buenos amigos de Kosovo y Kosovo es un buen amigo de la Unión Europea. La alegría demostrada en las calles de Pristina por la independencia debe ser convertida en una energía constructiva y positiva hacia una sociedad que tenéis aquí”. Solana ha instado a los kosovares a respetar los derechos de las minorías y a crear un Estado democrático, y ha destacado que la UE va a acompañar con su misión Eulex sobre el terreno la construcción de las instituciones democráticas de Kosovo.

 

Por su parte, el presidente de Kosovo, Fatmir Sedjiu ha afirmado que “acogemos positivamente la presencia civil de la UE, que ya ha iniciado su trabajo y mantiene la continuidad del mandato de las tropas KFOR como un factor importante de estabilidad en Kosovo y en la región”.Pese a la alegría en Kosovo y la respuesta positiva de la UE, algunos no están tan contentos. El representante especial del presidente Vladímir Putin para las relaciones entre Rusia y la UE ha advertido hoy que la independencia de Kosovo tendrá “consecuencias” en las relaciones entre Moscú y la Unión Europea.

 

Las tropas de la misión KFOR de la OTAN en Kosovo se vieron ayer obligadas a actuar después de que alrededor de un millar de serbios opuestos a la independencia de la ex provincia serbia atacaran dos puestos fronterizos en el norte de la región, controlados por la policía kosovar y la ONU. Según informa la OTAN, es la primera vez que los soldados de la Alianza tienen que intervenir en disturbios tras la proclamación de la independencia el pasado domingo en el Parlamento de Pristina.

 

“Durante una manifestación de protesta [de serbios], se ha prendido fuego a algunos neumáticos y otros materiales cerca” de un puesto de paso entre el norte de Kosovo y Serbia, ha informado el comandante Etienne de Fayet de la Tour, portavoz de la KFOR para el norte de Kosovo. “Desde la proclamación de la independencia, es la primera vez que se pide a la KFOR que intervenga”, ha añadido. También ha aclarado que “la KFOR se ha desplegado en la retaguardia para poder ayudar a la policía en caso de necesidad. No se han producido disparos ni víctimas”. En la zona están desplegados soldados franceses, daneses, belgas y estadounidenses.

 

Anteriormente, Veton Elshani, portavoz de la policía kosovar, informó de que “a las 10.30 GMT, grupos de serbios encolerizados han atacado la puerta 1 (en Jarinje) y la puerta 31 (en Banja). No ha habido víctimas”. Precisamente fueron los agentes que custodiaban los puestos los que recurrieron a los soldados de la OTAN para que les ayudaran a contener a los manifestantes. Solicitaron la presencia de un helicóptero para evacuar a los agentes de policía, que se tuvieron que refugiar en un túnel.

 

Cerca de un tercio de los 120.000 serbios de Kosovo viven en la zona norte de la región. La KFOR cuenta con unos 17.000 soldados en la ex provincia serbia. Ahora, la UE va a enviar una misión civil, compuesta por jueces, funcionarios y policías para ayudar a Kosovo a poner en funcionamiento las instituciones democráticas necesarias.

 

Yugoslavia para acabar

 

M. Á. BASTENIER 20/02/2008

 

La proclamación el pasado domingo de la independencia de Kosovo, aritméticamente impecable porque la inmensa mayoría de su población la deseaba como a un oscuro objeto, puede marcar, sin embargo, el comienzo de un largo y hasta sangriento epitafio a la muerte de la federación yugoslava, cuya creación en 1945 fue el primer ensayo serio de estabilización del mapa balcánico. Pero Yugoslavia emergía de la destrucción del bloque comunista con el pecado original de haber sido concebida por vía antidemocrática y, en especial, su desmantelamiento era un tributo a los vencedores de la guerra fría; en el planeta, Estados Unidos, y en la zona, Alemania, precio que había de pagar la potencia derrotada, la Rusia ex soviética.

 

¿Existe una idea con arreglo a la cual pensar de nuevo los Balcanes?; Europa no sabe, no contesta, pero poner en práctica, como hace, soluciones contradictorias, no parece la madre de todas las ideas.

 

En el ensañamiento con la Yugoslavia de Tito se barajaron sólo artefactos desintegradores y, así, para mantener las fronteras administrativas interiores de la antigua Yugoslavia, Estados Unidos y Europa, con Alemania de líder del pelotón, reconocieron las independencias de Eslovenia y Croacia, pasablemente nacionales; de Macedonia, potaje inextricable con inquieta minoría albanesa; y Bosnia-Herzegovina, cuyos croatas y serbios aspiraban a anexionarse al país de origen, y los musulmanes, a mandar en el Estado imposible de unificar; Montenegro, finalmente, obtenía la independencia en 2006.

 

Y así llegamos a Kosovo, donde las fronteras eran dos veces interiores; del Estado yugoslavo entre sí y de una provincia de Serbia, y ya no de un Estado constituyente de la federación. Por ello, el único principio que explica la independencia de Pristina es la autodeterminación nacional, muy respetable, sin duda, pero que no sirvió en el caso de Bosnia. Y si las sub-sub-fronteras kosovares valen para crear futuro, también debería tenerse en cuenta alguna divisoria comarcal, que seguro que la hay, que delimite el norte de Kosovo por Mitrovica, donde se concentra la población serbia, a la que jamás se reconocerá el derecho de secesión.

 

Antoni Rovira Virgili, de los tiempos del lerrouxismo de entreguerras, que era especialmente fuerte en la capital catalana, alertaba sobre el peligro de un Ulster barcelonés; de un enclave españolista en el mar del catalanismo similar al del Ulster, que desde su creación en 1922 ha sido una isla protestante en el mar católico de Irlanda. Y Kosovo es hoy un Ulster en combustión nuclear para toda la zona y más allá (o acá).

 

En los Estados ex yugoslavos se dan significativas concentraciones nacionales del vecindario, pero la partenogénesis en busca de Estado puede extenderse a Albania, hogar de la gran mayoría de los albaneses, que no permanecerá callada eternamente; Hungría, cuyos nacionales lingüísticos forman el 50% del otro Kosovo de Serbia: Voivodina; Grecia, con minorías albanesas en sus fronteras; Bulgaria, casa de turcos mal bulgarizados, y cuyo ethos se parece mucho al del grupo dominante en Macedonia; el Chipre griego, que teme el refuerzo del proto-Estado turco-chipriota; Rusia, donde un sarpullido de pueblos aspira a la mayoría de edad; y hasta Gibraltar, otro nacionalismo peninsular no estatal, puede hallar confort en la suerte kosovar. Por eso, José Luis Rodríguez Zapatero repite tanto que España y Kosovo no tienen nada en común, lo que es muy cierto, pero no importa gran cosa a nacionalistas catalanes y vascos, que saben que lo que cuenta es el precedente, y no su naturaleza. A Madrid, por todo ello, no le quedaba más remedio que negarse a reconocer al nuevo Estado, y más aún estando en capilla electoral, pero hace mucho frío lejos de Alemania y Francia, que sí van a tener embajada en Pristina.

 

El fracaso de Yugoslavia es el de un impulso civilizador que trató de desposar dos ideas, ciudadanía política y pertenencia emocional a una comunidad imaginada, como diría Benedict Anderson. Y lo más socorrido en estos casos es proponer una conferencia, como se hizo para la paz de San Stefano en 1878 y su rectificación en el cónclave de Berlín de ese mismo año; los acuerdos tras las guerras balcánicas de 1912-13; la creación del Reino de Serbios, Eslovenos y Croatas en 1918; la de Yugoslavia en 1929, federalizada en 1945: y Dayton en los años noventa, tras la guerra por la Gran Serbia. Es probablemente justo que los albano-kosovares tengan hoy la independencia. Pero eso no significa que sea una gran idea.

 

“Han creado desolación y lo han llamado paz”

 

El ministro serbio de Exteriores denuncia la actitud de la UE ante la independencia de Kosovo

 

AGENCIAS – Belgrado – 20/02/2008

 

“Han creado desolación y lo han llamado paz”. Con estas palabras se ha referido el ministro serbio de Exteriores, Vuk Jeremic, al reconocimiento por parte de muchos países de la UE a la independencia de Kosovo. “Me siento avergonzado como europeo”, ha dicho en una intervención ante los diputados del Parlamento Europeo, a los que ha anunciado que su país seguirá buscando los medios para defender su postura contra una declaración “ilegal”.

 

Apenas tres días después de la declaración unilateral de independencia de Kosovo, que Serbia se niega a aceptar, Jeremic ha comparecido ante la comisión de Política Exterior del Parlamento Europeo. Si bien la UE como institución no puede reconocer un Estado, el lunes calificó el de Kosovo como un “caso único” que no sienta precedente para otros separatismos, Jeremic ha cargado contra los Veintisiete. Se siente “avergonzado como europeo” por la actitud de la UE ante la declaración de Pristina. Las grandes potencias europeas -Reino Unido, que ha nombrado ya embajador, Francia, Italia y Alemania, que lo ha hecho hoy- se apresuraron a reconocer la independencia de Kosovo.

 

A esos países les acusa Jeremic de “violar” los valores de la propia UE. “Han creado desolación y lo han llamado paz”, ha denunciado. No obstante, ha dicho que el Gobierno de Belgrado sigue en sus trece y seguirá buscando una “solución negociada” al estatus de Kosovo. Serbia “no se va a callar” ante una declaración de independencia “ilegal” y tomará “todas las medidas diplomáticas y políticas” -nunca violentas, ha precisado- para defender su postura. Entre ellas, se baraja intentar impedir el acceso del nuevo Estado a organismos internacionales como la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) o de otras organizaciones internacionales.

 

Antes de viajar hacia Estrasburgo, el jefe de la diplomacia serbia ha asegurado que no hay nada que Europa pueda ofrecer a cambio de la independencia de la provincia de mayoría albanesa, incluyendo en cualquier oferta la entrada de Serbia en la Unión Europea o préstamos millonarios. “No todo está en venta. Uno no puede vender la historia, la democracia, la integridad territorial o sus valores”, ha dicho Jeremic.

 

Jeremic ha expuesto ante el Comité de Ministros del Consejo de Europa de Estrasburgo y ante el Comité de Política Exterior del Parlamento Europeo su plan de acción tras la declaración unilateral de independencia de Kosovo. Según ha explicado el ministro, el primer paso de ese plan serbio es la retirada de los embajadores. Pero serán otras las medidas que se tomarán. Mañana está convocada una manifestación en Belgrado para protestar contra la secesión de Kosovo.

 

“La independencia nos hace justicia”

 

El único superviviente de una matanza en 1999 rememora el dolor kosovar

 

RAMÓN LOBO (ENVIADO ESPECIAL) – Racak – 21/02/2008

 

Si Kosovo es un país nacido de la limpieza étnica y la sangre, Racak es su emblema. Aquella matanza ocurrida el 15 de enero de 1999 puso en marcha los mecanismos que condujeron a la intervención militar de la OTAN dos meses después.

 

 “La pena lo envuelve todo, pero me siento feliz por la independencia. Hemos pagado un precio muy alto por ella”, asegura Rama Shabani, el único superviviente, mientras desgrana junto a las fotografías de las víctimas las historias de los 42 civiles asesinados.Como Vukovar (Croacia), Srebrenica y Ahnici (Bosnia-Herzegovina),

 

Racak es un lugar donde el tiempo no avanza. En cada esquina, en cada persona permanecen atrapados los sufrimientos y las ausencias. Rama aún escucha en medio de pesadillas y dolores (fue herido en la cadera y la cabeza) a sus verdugos cantar: “¿Quién dijo, quién mintió, que Serbia es pequeña?” mientras descendían del monte tras matar a 30 personas.”Todo empezó a las 6.45. La policía y los militares serbios habían rodeado el pueblo. Los que pudieron escapar huyeron por el bosque. Según entraban iban matando. Aquí, frente a la tienda, murió Avdyl, de 99 años. Nos escondimos en el sótano de una casa”, explica Rama.

 

Racak se libró de una matanza mayor porque ya era una aldea fantasmal desde el 23 de agosto de 1998, cuando se quemaron la mitad de las casas. Fue el castigo por ser la aldea con más guerrilleros del Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK).

 

El dueño de la casa donde se escondieron los civiles se llama Xhemajl Osmaní. Tiene 88 años. “He vivido tres guerras. La de los nazis, la de los partisanos y ésta. De todos, los peores fueron los serbios. Mataron a mi hijo”, dice. Rama cuenta que cuando los militares descubrieron el escondite, sacaron a los hombres reuniéndolos en el jardín, donde los golpearon.

 

“Un policía habló por un walkie-talkie con su jefe. Dijo: ‘Tengo a unos treinta’. Tras un silencio el otro respondió: ‘Déjalos marchar’. Nos pusieron en fila con las manos en la nuca y nos ordenaron caminar por el monte. Cuando comprobé que nadie nos seguía me senté a fumar. Eso me salvó la vida, porque nos estaban esperando arriba. Mataron a todos”.

 

“Dejaron a las mujeres encerradas en el sótano”, cuenta Sadije, la hija de Xhemajl. “Cuando logramos salir por un ventanuco y abrir la puerta aún se escuchaban disparos. Vimos gente en un coche de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). Les dijimos que se habían llevado a nuestros hombres. Nos recomendaron regresar a la casa y esperar”. Uno de los observadores era William Walker. Fue quien alertó a la prensa evitando la manipulación y el primero en calificar lo ocurrido de crimen contra la humanidad. Hoy es un héroe del nuevo Kosovo.

 

“Por la noche”, prosigue Sadije, “nos dijeron que los hombres estaban en el monte y que los habían matado a todos. El cuerpo de mi hermano tenía un gran agujero en el pecho. A algunos les decapitaron. A otros les cortaron las orejas y sacaron los ojos”. Sadije habla con la vista fija en el lugar de la matanza, donde hoy ondea la bandera de los albaneses. “Pienso que con la independencia de Kosovo se ha hecho justicia”.

 

En el cementerio, las tumbas están inundadas de flores de plástico. Ahora Rama se afana en recolocar las flores que tumbó el viento. Se sabe de memoria el orden de los enterramientos. Entre los 42 civiles asesinados está su hermano Bajrush y gran parte del Kosovo subterráneo y doliente sobre el que se construye la independencia y la esperanza de dos millones de personas. “Aunque me cuesta revivir lo ocurrido, mi deber de superviviente es contarlo para que nadie pueda decir que no sucedió”.

 

Chávez rechaza la independencia de Kosovo, que califica de “precedente peligroso”

 

El presidente venezolano acusa a EE UU de conspirar para que ocurra lo mismo en Bolivia

 

AGENCIAS – Madrid – 21/02/2008

 

“No reconocemos esa independencia entre comillas de Kosovo. Protestamos”, ha dicho hoy el presidente de Venezuela, Hugo Chávez en un discurso televisado. El jefe de Estado también ha acusado a EE UU de ser el artífice de la independencia y de pretender trasladar el mismo patrón a Bolivia, donde varias voces piden la independencia de la provincia de Santa Cruz.

 

Chávez también calificó la independencia de “precedente sumamente peligroso para el mundo entero” y alertó de que la secesión de Kosovo “puede ser el principio de no sé cuántas guerras”, añadió el presidente. “Apoyamos la posición de Rusia, la de China y de muchos otros” que han desconocido esa independencia, declarada el 17 de febrero, y “coincidimos con el Gobierno de España” que ha hecho lo propio, concluyó.

 

CARLOS MENDO Un nuevo país europeo

 

La des-Unión Europea

 

CARLOS MENDO 22/02/2008

 

Es igualmente irresponsable, pero se puede comprender, la actitud de EE UU con relación a Kosovo. Bastante tiene el Pentágono con Irak y Afganistán para volver a preocuparse de los Balcanes que, desde la perspectiva de Washington, deberían constituir sobre y ante todo una preocupación europea.

 

Su contribución pasada y presente en tropas y en medios materiales y tecnológicos en el avispero de los Balcanes, primero en Bosnia y, después, en Kosovo hicieron posible la relativa estabilización de la zona. Los veteranos de los varios conflictos todavía recuerdan las peticiones a los medios de las poblaciones bosnia y kosovar: “Menos mediadores europeos y más marines”. Nadie es capaz de hacer una predicción seria sobre qué ocurrirá en los Balcanes el día que las tropas internacionales abandonen la zona.

 

La actitud adoptada por la ¿Unión? Europea no es que sea incomprensible. Simplemente, no es de recibo. Una vez más la Europa de la Unión ha demostrado que es, como en Darfur, Afganistán y tantos otros lugares de fricción en el mundo, incapaz de adoptar una actitud coherente, solidaria y unida, donde los intereses de lo que aspira a ser una futura federación primen sobre los particulares de los Estados.

 

En lo único que se pusieron de acuerdo el pasado lunes los ministros de los 27 fue en decir que no estaban de acuerdo y que cada país hiciera lo que quisiera con Kosovo. Una actitud verdaderamente edificante, ejemplo de planteamiento homogéneo. Así, Gran Bretaña, Francia, Italia y Alemania decidieron, en línea con los deseos de Washington, reconocer la independencia del nuevo Estado, mientras que España, Chipre, Grecia, Bulgaria y Rumania optaron por negarle ese reconocimiento esgrimiendo la jurisprudencia de la ONU sobre la aplicación del derecho de autodeterminación y el Acta Final de Helsinki, que declaró inamovibles las fronteras europeas desde 1974.

 

¿Qué le van a decir a España sobre este tema cuando toda la reivindicación española sobre Gibraltar está basada en la famosa resolución 1.514 de la Asamblea General de la ONU, que establece taxativamente que el ejercicio del derecho de autodeterminación nunca puede estar dirigido a cercenar la integridad territorial de un país?

 

 “Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas”. Y eso es lo que ha ocurrido en el caso de Kosovo, cuya declaración unilateral de independencia -me recuerda la proclamada en Rhodesia por Ian Smith- “quebranta la unidad nacional y la integridad” de Serbia, que tiene perfecto derecho a sentirse humillada y abandonada por sus vecinos europeos y su aliado americano.

 

Creer que el orgulloso pueblo serbio va a abandonar su reivindicación sobre Kosovo con la promesa de la zanahoria de un futuro ingreso en la Unión es desconocer la profundidad del sentimiento nacional serbio hacia Kosovo, considerado en Serbia como una especie de Asturias balcánica.

 

La cesárea practicada a Kosovo sobre la base falsa de la inevitabilidad de su independencia no sólo conculca la legalidad internacional, como hábil y firmemente argumentó el ministro Moratinos en Bruselas, sino que consolida una vez más el peligrosísimo precedente establecido en los Balcanes de inventar nuevos Estados sobre bases étnicas, lingüísticas y religiosas. ¿Les suena a algo este planteamiento?

 

Es justamente la argumentación esgrimida por todos los movimientos separatistas y secesionistas, utilicen o no el terrorismo, desde Euskadi a Sri Lanka y desde el Cáucaso hasta el Tíbet. Por eso el rechazo total a esa independencia no sólo por los países citados anteriormente, sino por dos potencias mundiales con derecho de veto en el Consejo de Seguridad -Rusia y China-, temerosas de posibles repercusiones en sus patios interiores.

 

Dos últimas consideraciones. Primera, Kosovo nunca fue un Estado federado en la antigua Yugoslavia, como Croacia, Eslovenia o Bosnia-Herzegovina. Se trata simplemente de una provincia serbia. Segunda, la campaña militar emprendida por la OTAN en 1999 tuvo por objeto terminar con la limpieza étnica ordenada por Milosevic contra los albanokosovares, nunca facilitar la independencia del territorio. Y puestos a autodeterminar, ¿por qué lo pueden hacer los albanokosovares mientras se niega ese derecho a los serbios del norte de la provincia? En fin, ¡enhorabuena Europa por este nuevo éxito!

 

ENTREVISTA: NICOLÁS SARTORIUS Vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas

 

“Bush ha arrastrado a Europa a un acto ilegal”

 

L. P. – Madrid – 23/02/2008

 

Bush ha precipitado la independencia de Kosovo arrastrando a una parte de Europa en un acto ilegal que no tendrá buenas consecuencias. El Gobierno español ha hecho bien en no reconocer el hecho consumado pero debe ayudar a estabilizar la zona y garantizar la seguridad de las minorías. Es un tema que interesa a EE UU pero que va a pagar Europa”, afirma Nicolás Sartorius, vicepresidente de la Fundación Alternativas y firme partidario de la “autonomía estratégica” de Europa.

 

La Fundación Alternativas presentó recientemente uno de los documentos más completos hasta la fecha sobre lo que deben ser las líneas de actuación de España en política exterior durante la próxima década. El informe, encargado por el Grupo Parlamentario Socialista y dirigido por Nicolás Sartorius con la colaboración de conocidos especialistas, pretende acabar con el “ensimismamiento y autocomplacencia” del debate político nacional y contribuir a cerrar el desfase entre la potencia económica de España y su influencia en un mundo globalizado.

 

“En la próxima legislatura, España debe colocar los temas de la acción exterior en el centro de la agenda. Ningún problema serio de España -terrorismo, emigración, energía, cambio climático, etcétera- se resuelve en el marco nacional”. Además, señala, “tener una potente acción exterior es un elemento capital de la cohesión territorial. Es el principal atributo que le queda al Estado y, por tanto, éste debe darle una importancia excepcional a sus competencias exclusivas”. A tal fin, el documento recomienda la reforma a fondo del servicio exterior español y elevar el rango del ministro de Exteriores a la categoría de “vicepresidente para Asuntos de la Acción Exterior del Estado”.

 

La actualidad de cada día reflejada en las primeras páginas de los periódicos conduce la conversación. Inmigración, velo, laicismo o, lo que es lo mismo, ley, fe y democracia. “En estos temas hay mucha confusión. Una cosa es multiculturalismo y otra la multilegislación. Ni se puede situar la firma de un contrato por encima de la Constitución como quiere Rajoy ni llevar la segregación cultural también al terreno legal como ha apuntado el arzobispo de Canterbury. Eso es la negación total del principio de integración y de ciudadanía”. En su opinión, la polémica no sería tal si “los inmigrantes pudiesen votar, al menos en las elecciones municipales. Los partidos se cuidarían mucho de atacar a cuatro millones de votantes”.

 

¿Debe Europa seguir en Afganistán? “Sí, pero no toda la vida. Europa tiene intereses propios para seguir en Afganistán, pero no al precio de mandar cada vez más tropas a una guerra de desgaste. En algún momento habrá que hablar con los talibanes moderados, integrarlos en la solución”.

 

REPORTAJE: OPINIÓN

 

La independencia dependiente

 

Es la solución menos mala para Kosovo, a pesar de su carácter excepcional dentro del marco europeo, aunque siempre habrá quienes la consideren un precedente

 

Timothy Garton Ash 24/02/2008

 

Cuando, en el transcurso de la historia humana, es necesario que un pueblo disuelva los lazos políticos que le unían con otro…, lo harán jurando solemnemente respetar cada detalle de las condiciones de la UE, la OSCE [Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa], la OTAN, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia y la propuesta general del enviado especial de la ONU, Martti Ahtisaari, “incluida la adaptación prioritaria de la legislación comprendida en su anexo XII”. Las colonias norteamericanas en 1776 y la colonia europea en 2008: vean y comparen.

 

En medio de todo el jaleo que ha rodeado la declaración de independencia de Kosovo, pocos se han detenido a observar que se trata de un documento extraordinario. Está tan plagado de condiciones, obligaciones y reservas, muchas de ellas para proteger a las minorías serbias; tan llena de compromisos de consultar, respetar y obedecer a los patronos internacionales de la provincia, que constituye, al mismo tiempo, una declaración de dependencia.

 

Su último párrafo empieza diciendo que “por la presente afirmamos, de manera clara, específica e irrevocable, que Kosovo estará legalmente obligado a cumplir las disposiciones contenidas en esta Declaración, incluidas, en particular, las obligaciones previstas por el Plan Ahtisaari” (la cursiva es mía). Casi se puede oír al asesor occidental que dictaba sobre el hombro del escribano kosovar. Más que “de un salto, Kosovo fue libre”, se puede decir que “de un salto, Kosovo se vio atado”.

 

Como es natural, la realidad sobre el terreno será muy distinta a las bellas palabras del documento. Los albano-kosovares han dado un paso importante hacia el autogobierno. El domingo por la noche tenían algo que celebrar en las calles de Pristina. Sus libros de historia, incluso los editados con subvenciones de la UE, contarán una historia gloriosa, aunque mítica, de siglos de lucha nacional que culminaron ese día. No me gustaría ser, en los próximos años, un serbio-kosovar de los que viven en los enclaves al sur del río Ibar. Lamento la pérdida de los hermosos monasterios serbios de Decani, Pec y Gracanica, que a partir de ahora serán, más que nunca, islas en un mar extraño.

 

La situación de los serbios que viven al norte del puente de Mitrovica, sobre el río, es otra historia. A pesar de que la OTAN ha cerrado temporalmente la frontera entre ellos y Serbia después de que una turba local incendiara dos puestos fronterizos, su integración social, económica y cultural con Serbia es una realidad diaria que seguirá adelante. En la práctica, Kosovo está ya dividido. Y seguramente seguirá estándolo hasta que un día, cuando Kosovo y Serbia sean miembros de la UE, pueda empezar a aspirar poco a poco, más en cuestión de decenios que de años, a una situación comparable a la de Bélgica: un país formalmente unido y en la práctica dividido, pero en el que la paz y la libertad de sus ciudadanos estarán aseguradas dentro de un marco más amplio. Es más, si las cosas marchan bien en el sureste de Europa y mal en el noroeste, todavía es posible que Bélgica y Kosovo converjan: la balcanización de Bélgica y la belgicanización de los Balcanes.

 

La peculiaridad del contexto europeo hace que este caso sea distinto al de la mayoría de los territorios que aspiran a la independencia en otras partes del mundo. La Unión Europea representa pasar sin fisuras de una situación imperial a la ampliación. Es el estilo europeo de descolonización en el siglo XXI: de protectorado a Estado miembro de la UE, sin haber llegado a obtener la plena independencia soberana entre ambas situaciones. Y al menos sobre el papel, los albano-kosovares han aceptado el precio. Por si acaso sienten la tentación de renegar, habrá miles de funcionarios europeos presentes -respaldados por las tropas de la OTAN- para devolverlos al camino de la virtud.

 

Esta declaración de independencia dependiente, elaborada con coordinación internacional y a años luz de la de 1776, es el resultado menos malo. Quienes alegan que aporta más inestabilidad a la región ignoran el hecho de que el limbo en el que Kosovo vive desde que la Resolución 1.244 de la ONU puso fin a la guerra de 1999 es inestable e insostenible. Nadie en su sano juicio querría invertir dinero en esa situación. La paz era frágil y estaba salpicada de disturbios. El desempleo superaba el 40%. No se podía construir nada estable y permanente sin resolver antes la cuestión del estatus. Y para la vecina Macedonia, el país más directamente afectado debido a su minoría albanesa, un Kosovo más independiente es un factor de estabilización (no ocurre lo mismo con Bosnia, desde luego).

 

A pesar de las atrocidades de los años de Milosevic, la solución no es del todo justa. Sin embargo, al final, también es el resultado menos malo para Serbia. Es horrible perder un brazo gangrenado, pero a veces es requisito indispensable para la recuperación. En el fondo, muchos serbios son conscientes de ello. Y fue en Belgrado, no en Pristina, donde oí este chiste: los serbios están dispuestos a hacer cualquier cosa por Kosovo salvo vivir allí.

 

Por ahora, habrá un paroxismo de ira y duelo. Es lógico. Pero después, Serbia tendrá que elegir: cultivar decenios de impotente resentimiento, como hizo Hungría después del Tratado de Trianón, o emprender la vía europea hacia la reconstrucción nacional, como la Hungría de hoy. Y Europa, por su parte, tiene la obligación solemne de mantener esa vía abierta.

 

Kosovo tardará muchos años en ocupar su puesto en Naciones Unidas, entre Kiribati y Kuwait (o Kurdistán, si llega antes). Rusia, miembro permanente del Consejo de Seguridad con derecho a veto, puede impedirlo, y lo hará. Pero muchos kosovares han vivido algún tiempo en Suiza, y quizá recuerden que la antigua e independiente república alpina no fue miembro de la ONU hasta 2002. Lo que importa, antes que nada, es la realidad sobre el terreno y el grado de reconocimiento por parte de otros Estados (a la hora de escribir estas líneas hay ya más de veinte Estados que han reconocido o declarado su intención de reconocer la república recién nacida, entre ellos, además de Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania, pesos pesados del calibre de Senegal y Costa Rica). La pertenencia a organizaciones internacionales vendrá después, y la incorporación a la ONU, seguramente, será lo último.¿Crea un precedente, como temen algunos y esperan otros?

 

Por supuesto que sí. Toda declaración de independencia crea un precedente. Los líderes de Osetia del Sur y Transnistria, con el apoyo de los rusos, empiezan a hablar de seguir el ejemplo de los kosovares, apoyados por los estadounidenses. Los separatistas vascos y catalanes han tomado nota, y el Gobierno español ha reaccionado contra la declaración de independencia con una dureza sorprendente, en parte porque llega en medio de una campaña electoral muy reñida. Kosovo es la noticia principal en la página web de UNPO, la Organización de Naciones y Pueblos No Representados, que cuenta con 69 miembros, desde Abjazia hasta Zanzíbar.

 

“Kosovo es un caso especial”, dice su declaración de independencia, que luego insiste (de nuevo se oye la voz del asesor) en que no crea precedente. Pero los demás 68 miembros de la UNPO también son casos especiales. Los liberales tienen reglas universales para el trato a los individuos, pero siempre se hacen un lío respecto a los grupos, tanto sobre la situación de los grupos dentro de un país (no hay más que ver el debate sobre el multiculturalismo) como sobre qué grupo tiene derecho a la autodeterminación. Carecen aún de respuesta coherente a la pregunta del nacionalista: ¿por qué voy a ser una minoría en tu país cuando tú podrías ser una minoría en el mío?

 

La declaración de independencia dependiente de Kosovo es la forma menos mala de ir hacia adelante, pero no nos hagamos ilusiones de que no crea precedente. Las dos afirmaciones son ciertas: Kosovo es excepcional y habrá más Kosovos.

 

http://www.timothygartonash.com Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

 

La legalidad internacional tropieza otra vez

 

La política rompe las costuras del derecho en Kosovo

 

ANDREA RIZZI – Madrid – 26/02/2008

 

Derecho y sanción son hermanos siameses. Ya los jurisconsultos de la antigua Roma tenían muy claro el concepto, no dudaban de que un derecho, sin fuerza suficiente para aplicarlo y protegerlo, no puede ir muy lejos. El concepto aparece en toda su cruda dureza en el tablero internacional, en el que no hay fuerza sancionatoria super partes y la aplicación del derecho está totalmente condicionada a que la defiendan algunas potencias.

 

La reciente declaración de independencia de Kosovo, y su rápido reconocimiento por parte de Estados Unidos y de las principales potencias europeas, pone otra vez sobre la mesa, según muchos juristas y analistas, el cadáver de la legalidad internacional atropellada por la voluntad de los Estados con músculo y que no temen las sanciones -porque son ellos mismos los únicos capaces de amenazar con una sanción-. Pero, ¿es el caso de Kosovo verdaderamente una violación? Y si así fuera: ¿es per se malo que la política actúe contra el derecho? ¿O hay casos en los que ante la impotencia del ordenamiento es moralmente legítimo violarlo?

 

Kosovo es, por muchos aspectos, un caso de libro.”En mi opinión, se trata del pésimo epílogo de un asunto -como el balcánico- gestionado pésimamente por las potencias occidentales”, responde Giovanni Sartori, politólogo y profesor emérito de la Universidad Columbia de Nueva York. “Podemos empezar diciendo que la base legal de la independencia es, como mínimo, débil. Pero no me preocupa tanto que la política atropelle el derecho: siempre fue así. La fuerza del derecho en las relaciones internacionales es cercana a la nada. Tampoco me preocupa la falta de coherencia de los mandatarios: lo que me preocupa es la falta de inteligencia”, dice Sartori, premio Príncipe de Asturias. Mientras hablaba desde Roma, en Belgrado ardía la Embajada estadounidense y se helaba la relación con Bruselas.

 

El día anterior, Felipe González había tomado públicamente una postura parecida: el caso kosovar es una “semilla terrible e ilegal”, dijo.Anthony Clark Arend, director del Instituto de Derecho Internacional de la Universidad de Georgetown, en Washington, también considera que la independencia de Kosovo no está amparada por el derecho, al igual que otros tres expertos consultados para esta información. “No creo que en el caso kosovar se pueda justificar la secesión sobre la base del derecho de autodeterminación de los pueblos”, concluye, tras una elaborada argumentación jurídica. “Incluso aceptando la idea de que son un pueblo, en su caso creo que la autodeterminación legítima es interna, sólo puede traducirse en una justa representación y cierto grado de autonomía dentro del Estado serbio”.

 

Arend también excluye la validez para el caso del concepto “secesión necesaria”. Kosovo ya no sufre violencias, y Serbia es un Estado democrático.”Más allá de los principios”, prosigue Arend, “la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU es muy clara cuando dice que la solución política a la crisis de Kosovo ha de buscarse respetando los principios de soberanía e integridad territorial. Entonces, sencillamente, me parece que en este caso los argumentos jurídicos están en segundo plano”. Una vez más.

 

Naturalmente, puede haber opiniones jurídicas discordantes. Pero, si fuera como dicen Arend y otros, ¿sería eso malo de por sí? ¿O pueden los argumentos no-jurídicos, por ejemplo morales, autorizar a la política a ir más allá o hasta en contra del derecho?

 

“Política y derecho están a menudo en antítesis en la escena internacional”, reflexiona Ignacio Molina, investigador principal de Europa del Real Instituto Elcano de estudios estratégicos. Balcanes e Irak lo simbolizan. “Pero yo rechazo la ecuación política = mal / derecho = bien. Es demasiado plana, hace falta matizarla. El derecho internacional es, por naturaleza, un sistema limitado, imperfecto. La política puede y debe llegar adonde ese derecho no llega”.

 

“La supremacía de la política puede causar atropellos”, prosigue, “porque no tiene como fundamento necesario la justicia, pero también puede arreglar situaciones, como ocurrió en 1999 cuando la OTAN intervino en ayuda de los golpeados kosovares sin el amparo de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Estoy de acuerdo en que en Kosovo se ha actuado en contra del derecho, pero en lugar de poner el grito en el cielo creo que hay que analizar la sustancia del acto más allá de su legalidad”.

 

Sartori recurre al más crudo realismo: “En el fondo, lo que más importa es la inteligencia del acto”.Naturalmente, a veces, los extremos del conflicto derecho y política se confunden. El mismo sistema legal que no ampara la independencia de Kosovo es un sistema muy político. El derecho internacional es un derecho de Estados soberanos. No sorprende que sea restrictivo en materia de secesiones.

 

Y la peligrosidad de la independencia de Pristina reside en buena medida en que Kosovo era (¿es?) una provincia de Serbia, y no una de las repúblicas federadas yugoslavas.”Es indiscutible que, jurídicamente, Kosovo era una provincia. Pero, ¿por qué lo era? Porque los kosovares eran ciudadanos de segunda en Yugoslavia”, razona Molina, del Instituto Elcano. “Por cohesión étnica, religiosa, cultural y territorial tenían probablemente tanto o más derecho a ser una república que las otras. Pero, por una vejación política, no se les otorgó el status e incluso Milosevic le arrebató la autonomía limitada que tenía Kosovo en los ochenta. Por ello, ahora, son jurídicamente un caso distinto a los demás. Yo no desprecio el valor del derecho de la antigua Yugoslavia o de la antigua URSS, pero tampoco puedo magnificarlo”. La dicotomía política-derecho se esfuma.

 

La distancia jerárquica establecida en la ex URSS entre repúblicas y provincias también ha desembocado en un abismo, lleno de conflictos y muertes. Mientras las repúblicas se separaron en 1991 sin violencia, provincias y otras entidades territoriales se han quedado donde estaban, a veces nadando en sangre. Allí están las tensiones de Chechenia, Abjazia, Osetia del Sur, Nagorno-Karabaj, Transdniéster..

 

Hacer excepciones a la norma puede ser a la vez ilegítimo y justo. Pero la peligrosidad de establecer precedentes siempre sugiere buscar una cobertura.”Tanto en el caso de Kosovo como en el de Irak, las potencias políticas han intentado vestir de un aura de legalidad las evidentes violaciones cometidas”, comenta Antonio Remiro, catedrático de Derecho Internacional en la Universidad Autónoma de Madrid.

 

“Las declaraciones de la UE del pasado lunes son jurídicamente grotescas, con sus referencias al respeto de principios en realidad violados por activa y por pasiva. Pero se nota la voluntad de abrigarse”. La política desnuda es quizá una visión demasiado fuerte para los estómagos de la opinión pública. Su doble rasero, un rasgo incendiario.

 

“Es difícil aceptar que Kosovo pueda y, por ejemplo, el Sáhara Occidental, no, cuando éste tiene una base legal prácticamente impecable para ser independiente, mucho más sólida que la kosovar”, reflexiona Molina. Difícil de aceptar: los Estados nacen o no dependiendo de quién lo quiera. El derecho, si puede, que acompañe.

 

Así, Namibia nació en 1990 separándose de Suráfrica. Eritrea logró su reconocimiento en 1993. Antes, en 1971, Bangladesh proclamó su independencia de Pakistán, y también acabó siendo reconocido. Taiwán en cambio queda en su limbo, como la república de Somalilandia y la de Chipre Norte.Su futuro depende de actos políticos. Quizá, como dice Sartori, lo único que cabe esperar es que sean inteligentes.

 

Medvédev garantiza su apoyo a Serbia

 

El delfín de Putin subraya en Belgrado que Rusia no reconocerá a Kosovo

 

RAMÓN LOBO (ENVIADO ESPECIAL) – Belgrado – 26/02/2008

 

El hombre elegido por Vladímir Putin para sucederle en Rusia, Dimitri Medvédev, visitó ayer Belgrado para evidenciar su apoyo a las autoridades en su defensa de la soberanía sobre Kosovo. Se entrevistó con el presidente, el prooccidental Borís Tadic, y con el primer ministro, Vojislav Kostunica, un antieuropeísta creciente.

 

La frase más llamativa fue una renovación de la línea seguida por su mentor: “Actuamos en la asunción de que Serbia es un país unido cuya jurisdicción cubre todo el territorio y seguiremos aferrados a ese principio”. Kostunica, animado por ese apoyo, anunció nuevas manifestaciones sin concretar fecha ni lugar.

 

“Las protestas continuarán hasta que la independencia ilegal sea anulada. (…) No puede haber normalización de relaciones con los Estados que reconozcan Kosovo hasta que anulen esa decisión. (…) Serbia hará todo lo posible para aplicar las prerrogativas del Estado a todos los ciudadanos leales de Kosovo”.El primer ministro, que aún no ha condenado los actos de violencia ocurridos en Belgrado, envió ayer a la ex provincia a su ministro para Kosovo, Slobodan Samardzic, uno de los más exaltados (calificó de legítima la destrucción de dos puestos fronterizos el 19 de febrero). E

 

n el enclave serbio de Gracanica, al sur de Pristina, Samardzic prometió que su Gobierno seguiría sosteniendo la economía. “Deben disfrutar de la vida en un Estado serbio como el resto de los serbios. Haremos lo posible para que así sea”. Al norte de Pristina, en la frontera entre Kosovo y Serbia, 19 agentes del servicio de policía kosovar resultaron heridos en choques con unos 150 manifestantes serbios contrarios a la independencia.

 

El jefe de la Misión de Naciones Unidas en Kosovo (UNMIK), Joachim Rücker, exigió a Belgrado que confirme su apoyo al mandato de la ONU sobre la provincia. Rücker ha advertido a Samardzic de que le impedirá la entrada a Kosovo si insiste en sus declaraciones incendiarias.

 

La independencia de Kosovo entra en su segunda semana y la partida ya se juega en el terreno de Kostunica, la ambigüedad calculada. Por un lado niega que el objetivo sea la partición del norte de Mitrovica y por otro bloquea la misión de la UE. Marko Jacsik, uno de los líderes radicales de Kosovo, dijo ayer que “los albaneses están a la espera de una excusa” para atacar a los serbios y provocar su expulsión.

 

Columnistas sobre Kosovo

 

CARLOS TAIBO – Madrid – 26/02/2008

 

En las últimas semanas han proliferado en EL PAÍS los expertos en Kosovo. No acierto a entender por qué la mayoría de estos expertos muestran tanto empeño en reescribir la historia contemporánea de aquel país. Porque, al cabo, lo que estas gentes nos cuentan sin más es que, a la hora de sopesar conflictos como el kosovar, hay que otorgar una radical primacía a las leyes de los Estados y rechazar ontológicamente todo aquello que se oponga a esas leyes. Aunque la norma correspondiente tiene respetabilísimas dimensiones, en los labios de muchos parece una argucia encaminada a imponer un cerrojo a cualquier demanda de autodeterminación y secesión, toda vez que, como es sabido, los Estados no suelen ser muy propensos a reconocer estos horizontes.

 

Expresada como lo hacen los expertos de nuevo cuño en el conflicto kosovar, se traduce sin más en la afirmación de que no importa cómo nacen -democráticamente o no- las leyes de un Estado ni importa lo que puedan hacer los gobernantes de éste. Ni siquiera el despliegue de una conquista militar y de lo que se antoja un genocidio en toda regla -el caso de Chechenia, sin ir más lejos- invita a cuestionar la primacía radical de las leyes del Estado responsable de una y otro. Tampoco está de más que recuerde -parece- que el hecho de que la Autoridad Nacional Palestina no pueda acometer una declaración de independencia hunde sus raíces, de nuevo, en la primacía otorgada a las leyes de un Estado, Israel, y ello por mucho que conste que éste es el ocupante ilegal de los territorios en los que se cimentaría un imaginable Estado palestino.

 

No quiero engañarme en demasía: a los expertos en Kosovo que han proliferado en los últimos días nada les importa lo que ocurre en ese rincón de los Balcanes occidentales. Hablan aparentemente de Kosovo para referirse a lo que podría ocurrir entre nosotros. Y en eso es en lo que piensan cuando le otorgan una incontestada -y me temo que bien poco meditada y escasamente democrá-tica- primacía a las leyes de los Estados.

 

Un nuevo país europeo BORÍS TADIC Presidente de Serbia

 

“Sin una Serbia estable no habrá Balcanes estables”

 

RAMÓN LOBO (ENVIADO ESPECIAL) – Belgrado – 28/02/2008

 

Reelegido hace menos de un mes, el europeísta Borís Tadic, de 50 años, reconoce en esta entrevista los peligros que afronta Serbia tras la secesión de Kosovo en su camino hacia la UE

El trabajo de Borís Tadic parece más el de un funambulista que el de un presidente. Defiende con pasión la integración de Serbia en la Unión Europa, y a la vez lucha contra la declaración unilateral de independencia de Kosovo alentada por los principales países de la UE, porque crea precedentes peligrosos: “Hay muchos Kosovo ahí fuera”. Admite dificultades internas: “Van ser dos años difíciles, pero soy optimista”. Se define como un “no nacionalista” en un país donde casi todos los políticos lo son en algún grado. “Pero soy serbio y tengo a Kosovo en el centro de mi identidad”.

Pregunta. Después de los graves incidentes de la semana pasada, ¿cuál es el plan?

Respuesta. No espero nuevas manifestaciones ni disturbios. Tenemos que tener una salida racional de este proceso. No vamos a renunciar a Kosovo. Hay una posición de principio en la defensa de nuestros intereses y de la ley internacional. Vamos a utilizar todos los recursos diplomáticos y políticos en esa defensa pero sin violencia. Eso también es una posición de principio.

P. ¿Estaban los incidentes planificados o sólo fueron vándalos fuera de control?

R. Hay una investigación en marcha y no puedo opinar hasta que concluya. Esta violencia era previsible porque la gente está enfadada. No sé cómo reaccionarían España, Alemania u otros países si perdieran parte de su territorio, de su identidad. Hay una falta de entendimiento europeo de los retos a los que se enfrenta Serbia. Sin una Serbia estable no habrá unos Balcanes estables ni integración regional en las estructuras europeas.

P. ¿Por qué en Serbia no se aceptó que en realidad Kosovo se perdió en 1999 y que el culpable fue Slobodan Milosevic?

R. No quiero hablar de Milosevic. Trato de olvidarle. Lo importante es hallar una solución de compromiso. Eso es lo racional. Si tenemos vencedores y vencidos no habrá estabilidad. Si los albaneses van a conseguir todo y los serbios perder todo habrá un problema. Si vamos a tener una Serbia inestable, no sólo Serbia sufrirá las consecuencias.

P. ¿Ese compromiso sería la partición de norte de Kosovo?

R. No hablo de partición, sino de compromiso. Este tipo de independencias impuestas, unilaterales, crean otras declaraciones unilaterales. No está en nuestro interés tener un conflicto enquistado para los próximos cinco, 10 o 20 años, como en Chipre. No queremos ese tipo de solución. Queremos una solución aceptada por ambas partes. Eso está también en el interés de Europa. Algunos de los países que han reconocido el Kosovo ilegal están cometiendo un error histórico que no contribuye a la estabilidad, más bien a lo contrario.

P. ¿Qué ha aprendido la sociedad, la clase política, tras cuatro guerras balcánicas?

R. No aislamiento. No guerra. Esa es la doble lección. La gente en Serbia entiende que el camino es Europa aunque varios países europeos no sean suficientemente justos con la integridad de nuestro país. La gente entiende que debemos ser miembros de la UE, que está en nuestro interés nacional. No renunciamos a Kosovo ni a ser miembros de la UE.

P. Uno de los problemas es que Serbia no ha pasado por una catarsis. Si se habla de Srebrenica muchos no aceptan la realidad. No ha habido una transición.

R. Como psicólogo, más que como presidente, puedo entender a mi pueblo. La crisis política de Yugoslavia en los noventa fue desgraciadamente la continuación de la II Guerra Mundial. Tenemos víctimas en todos los lados. Hay que pedir perdón. Alguien tiene que empezar y yo ya lo hice. En Srebrenica. En Zagreb. La imagen negativa creada en los medios de comunicación extranjeros en los noventa sobre los serbios no fue justa. No somos los únicos culpables. No vivimos la catarsis porque la gente no quiere aceptar que fuimos los únicos culpables. La gente sencilla sabe lo que pasó pero no quieren hablar de ello porque esperan que los demás también pidan perdón. Esto es muy importante para un proceso de reconciliación verdadera, de reformas e integración en la UE. No es realista esperar que seamos los únicos en reconocer errores pasados cuando estamos perdiendo una parte de nuestro territorio y de nuestra identidad.

P. Qué puede hacer la UE después de Kosovo. Parece que nunca existió un plan estratégico y sí muchos cambios de dirección.

R. Si soy honesto, diré que no espero que la UE vaya a facilitar este proceso. Todo lo que hemos tenido en los últimos ocho años han sido obstáculos. Esa es nuestra realidad. Ha habido muchas promesas, pero no oportunidades para Serbia. A pesar de nuestros esfuerzos para acercarnos a Europa, nunca fue lo suficiente ni lo suficientemente rápido.

P. ¿Piensa que la posición del Gobierno español es táctica, por las elecciones, o de fondo?

R. Espero que sea de principios. Para nosotros sería crucial que España defienda dentro de la UE una posición de principios. Ayudaría mucho a Serbia en su ruta hacia Europa. España, Eslovaquia y Rumania no están defendiendo los intereses de Serbia, sino los suyos y su integridad territorial.

P. ¿Y Rusia?

R. Rusia también defiende sus intereses.

P. En Serbia se habla de mitos. No de la realidad de Kosovo.

R. Serbia es país traumatizado en las dos últimas décadas y hay que encontrar una estrategia para que deje de estarlo. No es la mejor salida quitarle una parte del territorio donde está su identidad y reconocer su independencia.

LLUÍS BASSETS Un nuevo país europeo

 

En qué manos está la bandera

 

Kosovo no estuvo en el debate. ETA y la delincuencia ocuparon la parte de política exterior

 

LLUÍS BASSETS 28/02/2008

 

“Empezaremos por lo que más interesa a la gente, el terrorismo”. Así empezó una de las cinco partes en las que se dividió el debate entre Rajoy y Zapatero, la que se dedicó a Política Exterior y Seguridad. Han pasado apenas unos días desde la proclamación unilateral de la independencia de Kosovo. Crecen las hostilidades en Afganistán entre los talibanes y las fuerzas de la OTAN. También la tensión en Líbano entre el partido proiraní Hezbolá y los partidos prooccidentales. Y aunque España tiene soldados desplegados en los tres escenarios conflictivos, ni el jefe de la oposición ni el del Gobierno consideraron que mereciera la pena discutir sobre estas cuestiones, al parecer ajenas al interés de la gente. Hay consenso nacional: el terrorismo es ETA y la única seguridad exterior que interesa es la de nuestras calles.

 

Hace pocos días que el representante ruso en la OTAN amenazó con el empleo de la fuerza ante la secesión kosovar. En Belgrado han sido asaltadas embajadas occidentales y han recibido amenazas periodistas y políticos partidarios de incorporar Serbia a la UE. Moscú acaba de conceder el asilo político a Marko Milosevic y Mira Markovic, respectivamente hijo y viuda del fallecido dictador y máximo responsable de la limpieza étnica y de las guerras balcánicas. Como el oso ruso nada ahora en la abundancia de los precios estratosféricos de la energía y tiene en sus zarpas los grifos del gas que consumen los europeos, puede permitirse el lujo de regresar a la autocracia y exigir el derecho de veto sobre los asuntos del continente propios de una superpotencia de tutela. Sin comentarios por parte de Rajoy y Zapatero.

 

Hay que reconocer que el candidato socialista hizo un buen amago: “Yo quiero referirme también a la política exterior, que es muy importante para España, y ya veo que para usted no”. Sus propuestas consistieron en restregarle por el rostro a su contrincante la invasión de Perejil, las malas relaciones con Francia y, por encima de todo, la foto de las Azores. Rajoy no se quedó corto y soltó su compendio popular de asuntos exteriores: “Y en política exterior, yo me llevo bien con Sarkozy y Merkel y usted con Chávez y Castro”.

 

La UE se juega mucho en los Balcanes. Es más: se lo juega todo. Si algo da sentido a su acción es la protección de los kosovares en 1999 cuando Milosevic quiso liquidarlos o de la minoría serbo-kosovar ahora que Kosovo hace sus primeros pasos como país independiente. La mayor crisis que ha sufrido la UE en toda su historia fue la sucesión de guerras de limpieza étnica desencadenadas en los Balcanes por el nacionalismo serbio. El vodevil de la fracasada Constitución europea e incluso la fractura producida por la guerra de Irak son de alcance moderado al lado del horror de la guerra y del genocidio de los que hemos sido testigos próximos en los Balcanes, algo que no se había visto en territorio europeo desde 1945.

 

Tan lejos estamos de aquella sentencia que hacía bueno para España todo lo que era bueno para Europa, que nuestros dirigentes ya no se aclaran sobre lo que es importante para Europa ni lo que debe hacer España en correspondencia. Ante la independencia de Kosovo, nos hemos despegado del grupo central de socios europeos (Alemania, Francia, Italia y Reino Unido) sin una sola fisura entre Gobierno y oposición. Nuestros iguales están en la Europa oriental y ortodoxa, donde Serbia suscita solidaridades por temor a los mimetismos de las minorías húngaras en Rumania y Eslovaquia, y de las turcas en Grecia y Bulgaria.

 

Aunque no se diga, hay consenso sobre política exterior y se llama Kosovo, como demuestra la coincidencia entre los dos ex presidentes del Gobierno de distinto signo. Fruto de este consenso, la bandera constitucional española ondea estos días en manos de los chetniks serbios. Pero de todo esto, tampoco ni una palabra en el debate.

 

La crisis de Kosovo aviva el nacionalismo en Belgrado y arrincona a los europeístas

 

R. LOBO – Belgrado – 28/02/2008

 

La Serbia europeísta que ajustó sus cuentas con el pasado anda estos días deprimida, víctima de una profunda decepción. No sabe si hacer las maletas y renunciar a toda esperanza o tratar una vez más de impulsar una verdadera revolución, la que no se produjo el 5 de octubre de 2000, el día en que Slobodan Milosevic cedió el poder. La imagen el pasado jueves de cientos de delija (palabra turca que significa “el que tiene mucha fuerza” y de la que se han apropiado los seguidores más radicales del Estrella Roja) arrasando embajadas y tiendas (de los países que habían reconocido Kosovo) fue una sacudida, un retorno repentino a un pasado del que en realidad nunca se ha escapado del todo. Esos fanáticos futbolísticos, que alimentaron los escuadrones paramilitares en las guerras de los noventa, se desplazaban por las calles de Belgrado en formación y con un jefe que sabía escoger cada objetivo.

 

Mientras que en el Kosovo recién independizado los dirigentes albaneses -bien asesorados por sus patrocinadores internacionales- tratan de sosegar los ánimos (prohibieron las canciones patrióticas el 17 de febrero) para evitar provocaciones y altercados, el liderazgo de Belgrado encabezado por el primer ministro, Vojislav Kostunica, juega el papel de pirómano en un polvorín, agitando los ánimos entre los serbiokosovares.

 

La conmoción nacional por la pérdida de Kosovo, en parte manipulada por una clase política cortoplacista que trata de obtener rédito personal de casi todo, ha sacado a pasear los viejos fantasmas balcánicos. “Ha regresado el miedo”, asegura Violeta, “la gente no se atreve a decir lo que piensa en público o delante de amigos. Alguien te podría dar una paliza. Kosovo es un asunto demasiado emocional”. Las minorías étnicas que viven en Serbia, como los albaneses del valle de Presevo, denuncian estos días abusos y amenazas. Se han proferido amenazas de muerte contra Ceda Jovanovic, líder del Partido Liberal Democrático, y contra Natasha Kandic, defensora de los derechos humanos en Serbia y nadie parece salir en su defensa. Siquiera desde el Gobierno, donde un sector alienta la crispación.

 

Sin una fuerza militar capaz de enfrentarse a los 16.000 soldados de la OTAN desplegados en la antigua provincia y exhaustos tras cuatro guerras balcánicas perdidas (aunque la población no ha sido informada de dichas derrotas), la única opción de Serbia es impedir que se asiente el Estado kosovar e incrementar la tensión en el norte y en los enclaves en espera de la chispa, del muerto, que provoque un incendio mayor y la anhelada partición de los tres municipios de Zubin Potok, Leposavic y Mitrovica aunque perjudique a la mayoría de los serbios que viven fuera de ellos, unos 60.000. No habrá estabilidad ni paz en Kosovo sin un liderazgo responsable en Belgrado y una catarsis colectiva posterior.

 

La UE tiene ante sí una complicada misión, pues se ha quedado sin bazas para amenazar o premiar a Serbia. Tiene enfrente a gran parte de la clase política y económica serbia (el búnker de la transición española) que ve a la UE como un enemigo personal, no por Kosovo, sino por la pérdida de sus beneficios. Si Bruselas trata de imponer a la brava su autoridad puede conducir a la inestabilidad que tanto desean Kostunica y sus aliados radicales. Si la UE cede, la victoria será también del primer ministro, especialista en provocar situaciones en las que siempre gana, como Milosevic, hasta que lo perdió todo.

 

Los vecinos de Serbia apoyan la secesión kosovar

 

ANDREU MISSÉ – Bruselas – 20/03/2008

 

Bulgaria, Hungría y Croacia reconocieron ayer a la nueva República de Kosovo, que proclamó su independencia el pasado 17 de febrero, con lo que ya son 32 los Gobiernos que la han reconocido. El colectivo mayor corresponde a los países europeos (23). Mantienen su oposición China, Rusia, España, Georgia, Moldavia, Chipre, Rumania y, lógicamente, Serbia.

 

El reconocimiento de los vecinos se produce después de los sangrientos enfrentamientos de los últimos días en Mitrovica, que se saldaron con la muerte de un policía ucraniano de la UNMIK (ONU) y con 150 heridos.

 

El reconocimiento de Bulgaria, Croacia y Hungría se formalizó a través de un comunicado conjunto en el que manifestaron que habían adoptado la decisión tras un “análisis minucioso” de la situación. La decisión, sin embargo, no es ajena a posibles consecuencias en los tres países. Las autoridades de Budapest temen por la situación de la minoría étnica húngara, constituida por unas 300.000 personas situadas en la provincia de Vojvodina, al norte de Serbia, con más de 26 grupos étnicos distintos y seis lenguas oficiales. También algunas familias búlgaras, preocupadas por su seguridad, abandonaron Serbia, informa Reuters.

 

El reconocimiento por parte de Croacia provocó tensión en el seno del Gobierno de Zagreb. El viceprimer ministro, Slobodan Uzelac, de la minoría serbia, presentó su dimisión tras negarse a apoyar la decisión del Ejecutivo, según Efe. El primer ministro croata, Ivo Sanader, manifestó que no aceptaría la dimisión de Uzelac y expresó su convicción de que el Partido de la Minoría Serbia permanecería en la coalición de Gobierno.

 

El reconocimiento de los tres países vecinos provocó una dramática reacción por parte de las autoridades serbias, que cada vez perciben de manera más explícita su aislamiento, sobre todo en Europa. “No lo hagáis”, pidió ayer el ministro de Asuntos Exteriores serbio, Vuk Jeremik, a los países vecinos que aún no han reconocido a Kosovo como Estado independiente.

 

Varios países han expresado sus reservas, como es el caso de Grecia, Malta, Portugal, Montenegro, República Checa y Eslovaquia. Estos dos últimos cuentan con importantes poblaciones de húngaros y otras minorías.

 

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